Los líderes de la Iglesia en Mali nos piden oración por su país y por los cristianos afectados por la tensión étnica en la que se encuentra sumida esta vasta nación de África. Tras una situación ejemplar en cuanto a protección de las libertades civiles y derechos políticos en África, Mali se vio sumido en la confusión en 2012, cuando los rebeldes tuareg formaron una alianza con grupos islámicos radicales y tomaron el poder. Aunque la administración civil no se restableció hasta 2013, e hizo retroceder a los rebeldes, los yihadistas continúan causando inseguridad en Malí, a pesar del apoyo al gobierno de las Naciones Unidas, Francia, y otras fuerzas regionales.

“Los pastores nómadas fulanis y los agricultores y cazadores de otros grupos se han enfrentado durante muchos años por el acceso a recursos como la tierra, el agua y el ganado”, nos indican; “los guerreros Pël armados han sido capaces de impedir que los granjeros Dogon lleguen a sus campos. Sin embargo, con pocas tierras propias, los Dogon han sido incapaces de mantenerse a través de la agricultura, y muchos corren el riesgo de morir de hambre. Esto ha hecho que algunos del grupo vuelvan a las costumbres tradicionales de caza, convirtiéndose en lo que se conoce como cazadores de Donzo. Sin embargo, además de proporcionar alimentos a las comunidades Dogon, los Donzo han sido directamente responsables de los ataques violentos contra los Pël. Por ejemplo, el 1 de enero, 37 ciudadanos fulani fueron asesinados por una milicia de Donzo".

Aunque los cristianos no son el blanco específico de estos conflictos, los efectos son notados fuertemente por nuestros hermanos. "Los lotes de desplazados de guerra aumentan cada día. Estas poblaciones generalmente son agricultores o pastores, que ahora se ven obligados a huir de la violencia y encontrar refugio en las zonas del sur, o en Bamako", según los pastores locales. "Algunos campos de refugiados se han levantado en lugares donde la gente se encuentra en situaciones muy precarias. La violencia yihadista ha impedido que la gente plante, así que las familias se enfrentan al hambre".

Para la Iglesia es un gran desafío seguir la pista de las áreas a las que han huido los cristianos y luego satisfacer sus necesidades. Otro pastor indicó a nuestros colaboradores: "Siempre que hay casos, los dividimos entre las iglesias. Pero lo triste es que esta gente viene a nosotros despojada de todo, sufriendo de hambre y falta de ropa. Hacemos todo lo posible para darles la bienvenida".

La continua inseguridad complica aún más las cosas. Los que han decidido regresar a sus aldeas se enfrentan a circunstancias muy difíciles. "Los yihadistas han cometido actos muy graves en estas áreas, como la destrucción de propiedades, la violación y el asesinato, además de otros actos de violencia de acuerdo con la doctrina islámica. Despojaron a la gente de sus propiedades, en los casos más extremos violaron a mujeres, quemaron sus graneros de grano y saquearon a sus animales", explican los trabajadores.