Es costumbre en Laos que los vecinos muestren su simpatía para con una familia en duelo asistiendo al velatorio y al entierro del difunto. Es práctica común de cada hogar entregar regalos en especie (por ejemplo, arroz, bebidas o aperitivos) o en efectivo a la familia.

Sin embargo, este no esta no fue la experiencia de la familia de un chico de 15 años que, el pasado mes de agosto, murió de anemia aplásica. Durante su velatorio, ninguno de los aldeanos les visitó. Debido a que su familia es seguidora de Cristo, nadie mostró apoyo ni les ofreció ninguna forma de ayuda.

Además, el jefe de la aldea no permitió que la familia enterrase el cuerpo del niño en el cementerio de la villa. Los padres decidieron entonces enterrar a su hijo en su granja, pero debido al temor de los aldeanos de que el espíritu del niño pudiera vagar por ahí y traerles mala suerte, exigieron al jefe de la aldea que no se permitiera a los cristianos enterrar a sus muertos donde quisieran. Así, exigen a esta familia que desentierre el cuerpo por temor a ofender a los espíritus ancestrales y traiga mala fortuna a la aldea.

Los líderes de la iglesia de la que la familia forma parte están negociando con los líderes de la comunidad para reconsiderar su decisión y ser razonables.

Mientras que la mayoría de la población laosiana afirma ser budista, muchos practican el budismo popular, un sincretismo de budismo y animismo. El pueblo lao reverencia mucho a los fantasmas y espíritus que, según ellos, habitan en objetos vivos e inanimados, con la esperanza de que no traigan mala suerte o enfermedad a la comunidad.