El pasado domingo, 27 de septiembre, vimos como se intensificaba el conflicto armenio – azerbaiyano después de 26 años de tensa calma. La principal razón del conflicto son los territorios disputados de la zona de Nagorno-Karabaj. Además, la situación se vuelve aún más difícil por las diferencias nacionales y religiosas de estos países.

En 1994, el sangriento y prolongado conflicto entre Armenia y Azerbaiyán quedó congelado. En 2016 se produjo un cierto agravamiento, pero los dirigentes de ambos países lograron sentarse a la mesa de negociaciones y detenerlo antes de que desembocara en el gran conflicto militar. Esta vez, las partes enfrentadas han tomado una actitud muy agresiva, anunciándose una movilización a gran escala en ambos países. Los líderes de los dos países se culpan mutuamente de los ataques con fuego y utilizan medidas de represalia.

Mientras, los cristianos de estos países ruegan a sus hermanos y hermanas de todo el mundo que les apoyen con oración, en un momento en el que la situación en la frontera continúa siendo crítica, con muertes y daños en uno y otro bando.