Tras 5 años del horrible crimen que conmocionó la aldea de Chibok y el mundo, algunas de las chicas han huido o han sido liberadas. Sin embargo, aún quedan unas 120 retenidas por el grupo extremista islámico. Según el presidente de la asociación de padres de Chibok, Yakubu Nkeki Maina:

“Aún quedan 112 chicas cristianas esperando a ser liberadas. No sabemos su situación, ni cuántas de ellas siguen con vida”.

Esto ha hecho que las familias de las chicas que aún siguen retenidas no hayan tenido descanso durante estos 5 años, viviendo en una intranquilidad constante y sufriendo por sus hijas y por la falta de información con respecto a su situación.

Yana Gana, está entre estos padres. Su hija Riftaku no se encontraba entre las chicas huidas o liberadas, algo que pesa en el corazón de Yana, cuya información más reciente son solo rumores y especulaciones sobre cuántas chicas  siguen vivas aún después de tanto tiempo. Desde las últimas liberaciones en Enero del 2018 las familias no tienen ninguna información reciente a la que aferrarse.

“Está siendo muy duro, aunque han pasado casi 5 años desde su desaparición, el dolor que siento es como el de una herida reciente” nos cuenta la madre.

La pérdida de una hija es algo que afecta una familia hasta lo mas profundo, sobre todo cuando la situación no te permite pasar página ni encontrar consuelo. Es una  carga terrible y muy pesada, casi imposible de llevar. Yana nos cuenta como se ha vivido la situación en su casa:

“Cuando Riftaku fue secuestrada, las risas cesaron en mi casa. Todo el mundo estaba lleno de dolor, especialmente yo, porque yo la di a luz. Tristemente la hermana menor inmediata de Rifkatu ha sufrido mucho más que yo, ha quedado completamente traumatizada. Eran inseparables. Llevaban la misma ropa, los mismos zapatos e incluso se ataban los pañuelos de la cabeza de la misma manera. Nunca he visto a nadie que se amara tanto como ellas. Cuando Rifkatu fue secuestrada, sentí una pena inmensa por su hermana menor. Sus tías me dijeron que el trauma sería demasiado para ella, y que podríamos perderla. Así que la enviamos a la escuela en Yola".

La pérdida de Riftaku y de las demás chicas no es únicamente de sus familias, sino de toda la comunidad. La pérdida de Riftaku ha afectado a su entorno, en el que ha dejado un vacío que no podrá llenarse a menos que vuelva.

Desde el incidente, Puertas Abiertas a través de sus colaboradores locales ha asistido a la gente de Chibok con alimentos y suministros médicos. Además, ha proporcionado apoyo psicológico y espiritual a las familias de las chicas secuestradas.