Justo cuando se cumplían 10 años de la ocupación del Boko Haram en Nigeria, los militantes atacaron de nuevo. Según testigos, los extremistas llegaron en motocicletas y abrieron fuego contra los aldeanos que regresaban de ofrecer oraciones a un pariente fallecido. El presidente del gobierno local, Muhammed Bulama, dijo a los medios de comunicación que más de 20 personas murieron en el ataque inicial contra la reunión funeraria. Docenas más fueron asesinados mientras trataban de perseguir a los yihadistas. Según el propio Bulama el ataque podría haber sido una respuesta al asesinato hace dos semanas de 11 combatientes de Boko Haram. En este ataque, llevado a cabo por residentes locales, se requisaron además 10 rifles automáticos pertenecientes al grupo militar extremista. Aún es pronto para confirmar si el objetivo de los perpetradores eran los asistentes cristianos a la ceremonia o simplemente fue un ataque con poca premeditación y un objetivo poco concreto.

Boko Haram, 10 años de tragedia.

El evento que dio comienzo de la devastadora ocupación de Boko Haram en Nigeria, se considera que ocurrió el 26 de julio de 2009 durante el enfrentamiento mortal entre la Yusufia (seguidores de un carismático predicador llamado Muhammed Yusuf) y las fuerzas de seguridad en la mezquita central de Maiduguri, capital del estado de Borno. La violencia dejó entre 700 y 800 muertes, en su mayoría miembros de Boko Haram, entre ellos el propio líder, Muhammed Yusuf. El derramamiento de sangre ese día fuera una mera sombra de lo que vendría. Yusuf fue considerado un mártir y muchos jóvenes desilusionados y adoctrinados se unieron a sus filas.

A medida que el grupo que llegó a conocerse como Boko Haram se fue haciendo más y más fuerte a lo largo de los años, decenas de miles de nigerianos morirían, serían secuestrados o islamizados a la fuerza por parte del grupo armado. Millones de personas tuvieron que desplazarse a la fuerza y muchas sufrieron una gran hambruna en el noroeste de Nigeria.

Durante 2014 la insurgencia alcanzó el punto más alto, sus soldados conquistaron grandes extensiones de terreno en el noroeste. En abril de ese año su notoriedad aumentó al lograr el secuestro de casi 300 niñas, en su mayoría cristianas, de la escuela secundaria de Chibok. Más de 100 niñas permanecen aún en cautiverio. En 2015, Abubakar Shekau, líder del Boko Haram, prometió lealtad al Estado Islámico. Un liderazgo que fue cuestionado debido a su extremismo y se tradujo en que en agosto de 2016, ISIL declaró que Abu Musab al-Barnawi había sido nombrado nuevo líder de la rama de ISIS en África Occidental y de Boko Haram. Abubakar renunció a reconocer a Abu Musab como nuevo líder y se separó del Boko Haram creando así dos facciones.

La de Abu Musab fue facción la que secuestró a Leah Sharibu y a otras 104 personas de la Escuela Secundaria Dapchi en 2018. Mientras que 103 de las niñas fueron liberadas aproximadamente un mes después (un estudiante murió durante la operación), Leah permaneció en cautiverio porque se negó a renunciar a su fe en Cristo.

Hoy en día el Estado Islámico del África Occidental (ISWAP por sus siglas en inglés) es la mayor presencia del Estado Islámico fuera de Oriente Medio, y se estima que cuenta con más de 3.000 combatientes. Mientras que las autoridades nigerianas han reclamado repetidamente la victoria sobre el Boko Haram, la inseguridad continúa y más de 7 millones de personas siguen dependiendo de la ayuda alimentaria, según un informe de la agencia AP.

Lamentablemente, la tragedia no ha permanecido dentro de las fronteras de Nigeria. Chad, Níger y Camerún también tienen su parte. Hoy en día, alrededor del 50% de los ataques de Boko Haram ocurren en estos países.

Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCAH), cerca de 10 millones de personas, es decir, la mitad de la población de la región de la cuenca del lago Chad afectada por el conflicto, necesitan asistencia humanitaria a medida que este conflicto se prolonga durante un decenio. Unos 2,5 millones de personas están actualmente desplazadas solo en esa zona. El hambre y la malnutrición siguen siendo elevadas.

Sigamos orando por Nigeria dónde nuestros hermanos sufren las garras de la opresión islámica por varios frentes. Apoyemos en oración a familias que han perdido sus hijas a manos del Boko Haram o que han sufrido la muerte de un ser querido en los enfrentamientos contra los pastores Fulani. Pidamos a Dios por su justicia, para un país dónde la corrupción de las autoridades está presente en todos los niveles. Apoyemos mediante nuestro tiempo, nuestra oración o nuestros recursos a proyectos específicos que estén actuando de forma directa en el territorio de Nigeria. Clamemos juntos como iglesia de Dios y el Padre oirá nuestro lamento. 

En Nigeria, tu apoyo ayudará a Puertas Abiertas a continuar proveyendo cuidado físico (cosas como comida, medicinas, refugio) y apoyo emocional (cuidado de traumas, entrenamiento de preparación para la persecución) a los cristianos que han sobrevivido a los ataques específicos de Boko Haram.