Fuente: World Watch Monitor

Miles de desplazados internos del noreste de Nigeria, muchos de ellos cristianos que han huido de la persecución de Boko Haram, se enfrentan a la presión del Gobierno, que afirma que sus zonas de procedencia son seguras y que deben volver, según ha informado Reuters. Pero la situación de violencia está lejos de haberse detenido. El pasado 30 de agosto, decenas de soldados nigerianos murieron cuando los grupos armados irrumpieron en su base de la aldea de Zari, en el estado de Borno, cerca de la frontera con Níger. Es el cuarto ataque mortal contra puestos militares en el noreste de Nigeria desde julio.

Aun así, ya en junio, unos 2.000 desplazados internos que vivían en el campamento de Bakasi en Maiduguri, capital del estado de Borno, recibieron instrucciones de regresar a sus hogares. La decisión ha suscitado preocupación y críticas entre los cooperantes humanitarios y los diplomáticos occidentales, que señalan que el programa está orientado hacia las elecciones nigerianas con el objetivo de que el mayor número posible de personas vuelva a votar en las rondas primarias que comenzaron en agosto.

"Las autoridades quieren demostrar que están ganando la guerra, aunque a nivel local, donde la mayoría de la población vive en zonas remotas, la situación no es lo suficientemente segura. En algunas partes de Michika, Madagali y Gwoza, todavía hay focos de rebeldes que se mueven en pequeñas cantidades, entre 15 y 20 insurgentes armados, pero lo suficientemente grandes como para saquear una aldea de 500 habitantes", declaró Maurice Kwairanga, responsable del campo de desplazados de la iglesia de Santa Teresa, en la ciudad de Yola, a World Watch Monitor.

El propio Kwairanga se ha opuesto a los intentos del Gobierno de reubicar a los desplazados del campamento de Santa Teresa: "Les dijimos que dejaran a estas personas en paz, no hay necesidad de forzarlas si no quieren volver".

Algunos afectados señalan que varios desplazados regresaron a sus comunidades a lo largo de la frontera con Camerún solo para ser asesinados. Algunos lograron escapar y volver al campamento de Santa Teresa. Otros han sido desplazados dos o tres veces, mientras que miles de personas siguen atrapadas en las comunidades de los alrededores de Yola.

Otros desplazados internos, enviados por la fuerza a sus hogares, viven ahora en campamentos alrededor de la ciudad de Gwoza. Algunos han declarado que los grupos armados se esconden en el bosque o en las montañas y vienen de la noche a la mañana para atacar, matar y secuestrar a mujeres jóvenes sin que haya presencia del ejército o de la policía en esos lugares.

Oremos por esta situación:

  • Oremos a Dios para que el Gobierno escuche a los desplazados y les atienda sin pensar en sus intereses electorales
  • Oremos por las decenas de miles de cristianos desplazados por la violencia de Boko Haram y de los ganaderos Fulani en Nigeria. Oremos para que Dios les supla de todas sus necesidades físicas, emocionales y, por supuesto, espirituales.
  • Oremos para la iglesia en el norte de Nigeria sepa responder con amor y sabiduría a la violencia que vive su país. Oremos por líderes como Maurice Kwairanga, para que el Espíritu Santo le guíe en sus decisiones y acciones.

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