Puertas Abiertas está ayudando a los cristianos atrapados en el conflicto entre el gobierno filipino y los miembros islámicos de Frente Moro Nacional de Liberación (MNLF).

Las tres semanas de enfrentamientos que comenzaron el 9 de septiembre, desplazaron a 120.000 residentes, acabaron con la vida de 12 civiles, 3 policías y 103 rebeldes. La MNLF había tomado 250 civiles, entre ellos un pastor y una iglesia.

Una de las comunidades atacadas por los rebeldes estaba a 500 metros de una iglesia que evangelizaba a creyentes Sama y Tausug de trasfondo musulmán. Muchos de estos creyentes fueron atrapados y tomados como rehenes por los rebeldes.

"No teníamos qué comer."

Edna Talib, de 45 años, vivía en una ciudad llamada Arena Blanca. Cuando los rebeldes llegaron cortaron todas las carreteras.

"No había otra forma de conseguir comida, excepto por mar, pero no teníamos forma de pagar 3 euros. No teníamos dinero, así que después de tres días no había comida. Empezamos a orar. Creía que moriríamos de hambre o por las balas disparadas. Ver a los niños llorar fue muy doloroso. Calmábamos el hambre bebiendo agua caliente".

Desesperada Edna y su familia consiguieron escapar a través de una ciénaga infestada de serpientes, pero se encontraron con más problemas. Querían ir a Zamboanga, pero la policía no les dejaba entrar. Le pidieron sus carnets de identidad, así que tuvieron que buscar otro sitio donde quedarse.

Un trabajador cristiano les abrió las puertas de su casa a Edna y su familia, mientras Puertas Abiertas cubre los gastos de transporte y comida.

Sin carnet de identidad, no hay ayuda

Al igual que a Edna, a muchos creyentes que escaparon se les negó la ayuda y los servicios básicos de las agencias gubernamentales. Puertas Abiertas ha estado ayudando a estos cristianos que son en su mayoría de las tribus Sama situadas en Río Hondo y Mariki.

"Los creyentes son discriminados cuando llega la hora del reparto de la comida" informa un obrero de Puertas Abiertas, "es muy difícil que se les ayude con comida, medicina, consejería para traumas, porque no tienen documentos para mostrar su residencia. Sus documentos fueron destruidos o quemados cuando escaparon de sus casas. O simplemente no los tenían por desconocimiento o falta de cultura.

"La ropa, utensilios para cocinar y ropa de cama o colchones, es la ayuda más solicitada". En una ocasión, un obrero de Puertas Abiertas se encontró a una señora con sus 6 hijos viviendo en la calle. "Nos la encontramos cuando llevábamos comida para otros creyentes. A su marido lo habían tomado por un rebelde. Sus niños no tenían qué comer, y el pequeño de dos meses estaba deshidratado. Se le atendió al momento. Orad por el bebé.

Todavía no hay seguridad

Aunque los últimos informes muestran que la situación ha mejorado, sigue habiendo problemas. Trabajamos con las iglesias de Zamboanga ayudando a 54 creyentes Sama y 6 creyentes Tausug.

Reconstruir las zonas dañadas será todo un desafío. Todavía se desconoce el alcance de la destrucción causada. Según nuestro contacto, se necesita hacer una estimación, pero todavía no hay seguridad para entrar en las zonas conflictivas.

Mientras tanto Edna ora y espera para que el conflicto termine pronto. "Tengo muchas ganas de volver a mi casa" le dijo Edna a Puertas Abiertas.

Ora por:

• La paz, para que vuelva.

• Los obreros que trabajan ayudando a los creyentes Sama y Tausug.