Markus Tozman, un estudiante graduado de Oriente Medio  de la Universidad de Johns Hopkins, realizó una investigación sobre El Cairo desde el 17 de junio hasta el 16 de agosto del 2013. Sus observaciones, que podrán leer a continuación, son el producto de la información recogida a través de entrevistas, medios de comunicación y la impresión de la gente que conoció en las calles de El Cairo.

"El rey ha muerto, viva el rey". Para aquellas personas que no son de Egipto, debe ser difícil poner en perspectiva los acontecimientos ocurridos durante estos dos años y medio. La "Primavera Árabe" provocó una inestabilidad política que condujo a otra revolución el 20 de junio del 2013. Los resultados de estas revoluciones son un temible estado de inestabilidad que auguran un mal futuro para Egipto.

Al principio fue la revolución del 25 de enero del 2011 la que llevó a la derrota del presidente Mubarak, el cual gobernó Egipto durante 30 años. El descontento general por la situación económica, una diferencia entre el rico y el pobre que aumentaba, la corrupción, el nepotismo y la falta de futuro para los jóvenes menores de 25 años (casi la mitad de la población del país), impulsaron a miles de personas a manifestarse contra el presidente.  Los días de Mubarak estaban contados y fue todo gracias a la juventud. Liberales y cristianos fueron la fuerza impulsora de esta revolución. Los Hermanos Musulmanes al principio no quisieron participar en las protestas. Fue en la última fase de la revolución, que algunos de sus ancianos se unieron a las protestas, pero tuvieron un papel insignificante. Debido a su historial y a los enfrentamientos anteriores con el gobierno, este grupo se mostró cauto ya que no creía en el éxito de este movimiento. Aun así, el ejército, que siempre apoyó cualquier régimen que tomó poder a lo largo de la historia, había perdido la confianza en Mubarak y por agradar a la multitud, decidió entregarle. El dictador fue derrocado.

Con los resultados de las elecciones al parlamento del 2013, varios observadores discutían sobre como Los Hermanos Musulmanes, un año después, habían secuestrado la revolución. Los miembros de la Hermandad, argumentaban, no habían salido a la calle a derrocar al presidente Mubarak, pero al usar su organización y su influencia económica, ganaron las elecciones con una mayoría aplastante del 45%. En segundo lugar el partido de los salafistas al-Nour, que obtuvieron otro 22 %. Al unirse las dos partes consiguieron dos tercios de la mayoría.

En junio del 2012 se celebraron las elecciones presidenciales. Como me dijo el portavoz de los Hermanos Musulmanes, Gehad el-Haddad, al principio Los Hermanos Musulmanes juraron no  presentarse a las elecciones presidenciales por el bien de la unión del pueblo. Pero como no había candidatos fiables y veían que el país iba a volver a caer en las manos del régimen antiguo, salvaron a Egipto al presentar a Morsi. De no haberlo hecho, hubiera vencido el antiguo régimen.

 

Morsi ganó con un 52 % contra Ahmed Shafik, un representante del gobierno anterior. Morsi no ganó porque tenía el apoyo de los Hermanos Musulmanes, sino por la animosidad que sentía el pueblo hacia el régimen anterior. Muchos egipcios, decidieron darle una oportunidad a la Hermandad, sentían que no tenían otra opción, ya que el otro candidato era un representante del gobierno que no querían en primer lugar.

Sin embargo, al hacerse con el control legislativo y ejecutivo,  los Hermanos Musulmanes fallaron en implementar una política de consenso nacional. La revolución del 2011 se llevó a cabo para mejorar la libertad política y porque los egipcios querían que su situación económica mejorara. En vez de tratar estos temas, la Hermanad eliminó instituciones estatales y ministerios. El primer año de gobierno los Hermanos dejaron muy claro que su agenda no cumplía con el deseo del pueblo. La polarización iba aumentando, la Hermandad promovía una mentalidad de "estas con nosotros o contra nosotros".  Por dar algunos ejemplos, los egipcios eran tremendamente presionados para que se dejaran crecer la barba y jalabiyyas (bata tradicional) o llevaran velos. Pero aparte de eso, otro ejemplo es el aumento de juicios contra cristianos en los dos años y medio por insultos contra el islam. Antes de la revolución esta acusación a penas se daba, sin embargo, en este periodo de tiempo se realizaron más de 40 juicios.

Se puede decir que la caída de la Hermandad comenzó el 22 de noviembre de 2012, cuando el presidente Morsi se otorgó por declaración constitucional, todo poder para tomar cualquier decisión sin que ninguna otra autoridad pudiera revocarla ni oponerse.

Simultáneamente comunicó que el sistema judicial no tenía derecho a disolver ni el Consejo Shura, ni la Asamblea Constitucional, las cuales estaban dominadas por islamistas.           

Al dar estos pasos, los Hermanos Musulmanes y el presidente se colocaron por encima del sistema judicial y no había ningún órgano que les controlara. Egipto se encontraba de camino a otra dictadura. Mientras que el gobierno se centraba en asegurar su posición, los temas por los que se llegó a la revolución no se habían atendido. La economía estaba cayendo, la inflación estaba por las nubes, y la economía sumergida había aumentado más de un 50% desde el 2012.   

El comportamiento inepto de Morsi como presidente, la violencia sectaria contra los cristianos y musulmanes shia, un crecimiento general del desorden público, los enfrentamientos violentos entre seguidores de Morsi y los oponentes, y el sentido de alienación en su propio país, provocaron la resistencia de cada vez más egipcios hasta que se formó el movimiento Tamarod (rebelde) en abril del 2013. 

  El movimiento recogió 22 millones de firmas de egipcios, exigiendo la dimisión de Morsi, aunque no tenían una base legal para apoyar esta medida. Millones de ellos salieron a la calle el 30 de junio para expresar su deseo de dimisión. Sin embargo, la Hermandad se negó a ceder y Morsi no supo llegar a un acuerdo con el pueblo. El ejército se involucró y anunció "la revolución del pueblo", dejando claro que no era un golpe de estado ya que era "la voluntad del pueblo" y que el ejército solo estaba cumpliendo con ese deseo. El ministro de defensa Sisi, jefe de las fuerzas armadas, declaró en televisión que estaba apoyado por el gran sheikh of al-Azhar, (jefe de la rama hanafi del islam), el papa Tawadros (líder de la comunidad copta) y otros representantes sociales.

Las consecuencias para la comunidad cristiana fueron inmediatas. Fueron denunciados por los Hermanos Musulmanes como los únicos responsables de lo sucedido. Los cristianos que viven en zonas rurales fueron víctimas de varios ataques sectarios, en concreto en Minya, donde docenas de cristianos perdieron sus hogares y sus negocios. Los liberales y las altas autoridades hanafis, así como los salafistas que fueron derrocados por Morsi,  no fueron atacados como los cristianos porque los Hermanos no pudieron agitar a las masas fácilmente. Los cristianos ya habían sido amenazados con que no salieran de sus casas el 30 de junio o se enfrentarían a las consecuencias. Eran el chivo expiatorio perfecto, ya que para aquellas personas pobres y analfabetas de zonas rurales, ellos eran los malos. Lo peor aún no había llegado.

La vacancia en el gobierno significaba que había otras posibilidades políticas. Aún sin Morsi, la Hermandad podría haber seguido gobernando, confiando que tomaran decisiones consecuentes para el futuro de Egipto. Pero una vez que la oposición tomó el poder, se negaron a reconciliarse con los Hermanos. Cuanto más duraba la Hermandad en el gobierno, más se impacientaban los egipcios. La sociedad había alcanzado un nivel tal alto de polarización que parecía querer vengarse de los Hermanos por el año que habían gobernado. Varias personas con las que hablé por la calle me dijeron sin escrúpulo: -Tenemos un problema, no cabe duda, y se llama los Hermanos. Tenemos una solución: podríamos eliminarlos de las calles con nuestro ejército. 

Para tener la legitimidad necesaria, el ejército le pidió a los egipcios que salieran a la calle una vez más, para mostrar su solidaridad con el ejército y para proteger la revolución de las amenazas de los Hermanos. En otras palabras, el ejército le pidió a la población un cheque en blanco para usarlo de cerca contra cualquiera que se opusiera a la revolución. Los egipcios lo hicieron. Asistiendo a estas manifestaciones pude observar multitudes que veían e idealizaban al ejército como protector del pueblo y de la revolución. Sisi era comparado con el gran héroe egipcio Nasser, y la gente exigía que el ejército fuera fuerte y poderoso para salvar a Egipto de su muerte.   

Esta escena era realmente preocupante, porque mostraba que los egipcios habían perdido por completo el norte con lo que estaba ocurriendo en el país. Muchos estaban cegados por un odio obsesivo hacia los Hermanos, hasta convertirse en paranoicos. Parecía que se habían olvidado de los motivos de la revolución de enero del 2011, querían que se fuera el régimen anterior para tener una vida próspera con libertad política. Esa manifestación, sin embargo, mostraba que esos motivos ya no existían. Estaban dispuestos a sacrificarlo todo por deshacerse de los Hermanos Musulmanes.

El ejército comprendió lo que esperaban de ellos y tomaron el poder por completo. El 14 de agosto el ejército ordenó brutalmente que se dispersaran los manifestantes. Más de 1000 personas perdieron la vida, entre ellos periodistas y médicos. El número exacto se desconoce porque no se le permitió  dar esa información al Ministerio de Salud. Unas horas después se declaró el estado de emergencia y se impuso el toque de queda en varias ciudades

Pude observar como los egipcios se alegraban en las calles de esa decisión.

Lo que le siguió fue la peor violencia sectaria contra los cristianos de Egipto desde hace un siglo. En 48 horas después de la dispersión, 61 iglesias, 58 casas y 85 tiendas de cristianos fueron atacadas y destruidas, desde que los Hermanos Musulmanes habían anunciado que se atacaría como respuesta a la intervención militar. Se confirma con seguridad que el ejército contaba con esta represalia. Sin embargo, nadie se ha quejado de que el ejército no protegiera a sus ciudadanos cristianos. Sospecho que permitieron la publicación de las imágenes de las iglesias quemadas y los Hermanos atacando, para crear un sentimiento de justificación del duro ataque del ejército hacia los manifestantes pro Hermanos Musulmanes.

En términos políticos, el ejército se estaba asegurando su poder. Fuertes opositores como Mohammed el-Baredi, dimitieron después del ataque contra los Hermanos. El movimiento Tamardo, con sus 22 millones de seguidores, fallaron en materializar su influencia política y un tercio de los egipcios que no apoya a ningún bando, no tiene demasiada influencia. A estas alturas, no queda ningún partido político que pueda alcanzar suficientes votos para formar un gobierno fuerte. 

El ejército (uno de los mayores emprendedores de Egipto) y los medios de comunicación, parecen silenciar cualquier crítica contra el ejército y su golpe de estado. Varios periodistas extranjeros han sido detenidos sin cargos oficiales, un miembro de una ONG que denunció el trato del ejército fue detenido por decir que se estaba repitiendo el  régimen de Mubarak. El ejército apoyó la decisión de prohibir que los Hermanos Musulmanes constaran como una ONG. Parce ser que la libertad de expresión vuelve a ser lo que el ejército tolere.

Sin ninguna oposición a la vista y con la mayoría de los egipcios, incluyendo los cristianos, apoyando sumisamente todo lo que hace el ejército, Egipto se encuentra de camino al mismo sistema que querían derrocar hace dos años y medio. El nacionalismo siempre ha sido ubicuo en Egipto, pero parece que el patrioterismo está gobernando. Algunos autores sospechan que el ejército promueve el fervor nacionalista como una cura contra el islamismo. Si este es el caso, Egipto volverá a la época de Nasser. El ejército conecta conscientemente a Nasser y a Sisi. Soy testigo de cómo manifestantes y periodistas han colocado a Sisi al mismo nivel que su predecesor.

No cabe duda de que los Hermanos volverán. Han sobrevivido durante 85 años de persecución y opresión y no se van a rendir ahora, aunque han perdido el apoyo del público. Mientras sigan proveyendo dinero a los pobres, seguirán teniendo seguidores y seguirán desestabilizando  el país. Aun con la detención de sus líderes, la estructura de la Hermandad está intacta y surgirán otros líderes. En cuento a este tema, hay otro factor que afecta al futuro de Egipto. El 5 de septiembre, unos desconocidos atentaron contra la vida del ministro del interior. Algo similar ocurrió a principio de los 90 cuando los islamistas llevaron a cabo una larga campaña de atentados contra los cristianos y la población de las zonas rurales. Otro indicio de que Egipto puede acabar con una larga campaña de atentados terroristas, es la intervención del ejército en Sinai, donde intenta acabar con las milicias. Hamas, unos de los mayores aliados de la Hermandad, también podrían unirse en sus ataques a las milicias. El ejército ha decidido aislar la franja de Gaza para cerrar los túneles de los contrabandistas. Este es el medio usado por Hamas para financiarse con los impuestos que ponen sobre los alimentos que pasan por allí. Hamas tendrá que enfrentarse al ejército o perderá su poder.

Con cada ataque terrorista, el pueblo egipcio sentirá que necesita al ejército para evitar que el país se derrumbe. Aunque el gobierno interino todavía está elaborando una constitución, seguramente que se detectará la influencia del ejército en este documento. La constitución elegida prohibirá los partidos políticos religiosos, al igual que la de Mubarak. Esto podría llevar a que los partidos políticos salafistas se vuelvan a unir con los Hermanos para vengarse del estado.     

La situación de los cristianos es peor que antes de la caída de Mubarak. El papa Tawadros ha demostrado estar en contra de los Hermanos, por lo que la ira de estos ha sido dirigida hacia la comunidad cristiana de Egipto. Han abierto la veda contra todas las denominaciones. Aunque el ejército prometió compensación para las iglesias quemadas, algunas de las cuales eran del siglo cuarto, y teniendo en cuenta las bajas estadísticas de construcciones de iglesias o de permisos de renovación, es posible que todo sea simplemente una táctica del ejército para que los cristianos no pierdan la esperanza. Además, los cristianos de zonas rurales del Alto Egipto en concreto, seguirán sufriendo ataques. Son estas zonas donde los Hermanos Musulmanes tienen sus fortalezas. Influyen a los pobres con alimentos y dinero. Esos egipcios son fáciles de manipular y manipular contra los cristianos.   

Sin embargo, con los coptos con los que he hablado, ven esta experiencia como un mal necesario para llegar a un futuro mejor. No creen que haya algo peor que los Hermanos Musulamanes en el poder. Si fueran perseguidos y asesinados, pero teniendo la esperanza de un futuro mejor, no desistirían de su país. Lamentablemente, todo parece estar escrito. La ejecución de un sacerdote copto y la toma de una ciudad en Minya por islamistas (desde que se marchó el ejército), indican el futuro a corto y largo plazo que le espera a los cristianos de zonas rurales. Lo más probable es que los islamistas ataquen a los cristianos de zonas donde el ejército no tenga mucha presencia.

Uno puede preguntarse  si el papa fue sabio al mostrar su postura política públicamente, pero los cristianos con los que he hablado, le apoyan con orgullo. Aun así ha empeorado la situación de los cristianos y se han convertido en una diana de los ataques de los islamistas, junto con la el ejército y la policía que empeorará en los próximos años. Los ataques contra los cristianos ha alcanzado niveles tan peligrosos que hasta ha llamado la atención de medios de comunicación como Associated Press y el New York Times. Pero como ha ocurrido otras veces, la atención ha durado poco y se ha disipado rápidamente. 

A pesar del increíble aumento de la violencia sectaria, los cristianos de Egipto sienten que han conseguido su objetivo y  todavía disfrutan del sentimiento de victoria. Si estos sentimientos dejan paso a la realidad que sufren los cristianos en Egipto y la constitución no cambia su situación en el país, el resultado será la emigración en masas.  Por lo menos, los cristianos de clase media-alta a los que he entrevistado, tienen familia en el extranjero y podrían marcharse fácilmente. Parece ser que no tendrían problemas en conseguir un visado. La clase humilde no lo tendría tan fácil.

Muchos egipcios ven los sucesos del 25 de enero y el 30 de junio como dos caras de la misma moneda; que la revolución empezó entonces y se completó con la derrota de Morsi. No estoy para nada de acuerdo. Más bien me parece, como extranjero, que el 30 de junio ha deshecho lo que se consiguió el 25 de enero. No se ha conseguido nada de lo querían conseguir. La economía sigue empeorando, a pesar de los billones prestados por países que están completamente en contra de los Hermanos, como Arabia Saudita. Las fuentes principales de reserva extranjeras, el sector del turismo, han sufrido tremendamente y tardará años en recuperar la confianza de los turistas. La situación en deterioro de la seguridad, ha costado inversiones y no parece que los inversores vuelvan pronto a Egipto.

En términos generales, la perspectiva es desalentadora para el país más habitado del mundo árabe, y aún más para comunidad cristiana más grande que queda en el Oriente Medio.