"Fue una experiencia totalmente inesperada para mí en la presencia de mi hijo de 16 años. Unos 40 rebeldes invadieron las oficinas del ministerio que dirijo. Uno de ellos se plantó frente a mí" dice el pastor de una iglesia evangélica en Bangui, Geral Bomana.

"Para mí sorpresa, reconocí a uno de mis vecinos entre ellos. Llevaba el uniforme rebelde. Probablemente fuera él el que les trajera a mi oficina," dijo el pastor apenado mientras hablaba con un obrero de Puertas Abiertas.

Rebeldes de la coalición Seleka, tomaron el poder en la República Centroafricana (RC) cuando capturaron la ciudad capital de Bangui el pasado 24 de abril. Desde entonces, bandidos armados han estado saqueando, secuestrando y hostigando a la población.

"Los rebeldes creían que teníamos mucho dinero porque hacemos campañas evangelísticas entre las tribus y cuidamos a niños abandonados. Tenemos varios centros en el interior. Me dieron órdenes de darles cinco millones de francos RC (aproximadamente 7,000 €).

Cuando el pastor Bomana les dijo que no tenía esa suma de dinero le contestaron que tenía que darles tres millones de francos RC. Añadieron que las oficinas pasaban a pertenecer a la banda armada y que él tendría que alimentar las tropas. Luego dijeron que volverían en pocos días para recoger el dinero que exigían.

Mientras un grupo hablaba con el pastor Bomana, otros grupos saquearon otras salas del edificio. Se llevaron todo lo que quisieron en sus vehículos. Se llevaron ordenadores, impresoras, silas, otros electrodomésticos y diez motocicletas usadas para sus viajes.

"Uno de los rebeldes se acercó a mi hijo. Lentamente metió su mano en el bolsillo de sus pantalones. Sacó el monedero de mi hijo, lo abrió y sacó los 3.000 francos CR que llevaba. Luego lo puso en su propio bolsillo. Mi hijo era muy consciente de lo que eran capaces los rebeldes, estaba aterrorizado."

Éste no fue el último incidente que tuvieron con los rebeldes que tuvo el pastor Bomana. Al día siguiente, los rebeldes volvieron. Pero esta vez, fueron a su casa.

"Los rebeldes llegaron a mi casa para saber si tenía el dinero preparado ya. Mi mujer, que estaba en casa, se desmalló cuando los vio venir. Cuando se les dijo que no tenía el dinero preparado todavía, se marcharon diciendo que volverían otra vez."

El pastor Bomana se dio cuenta de que su familia corría grave peligro. Un amigo le aconsejó que pidiera protección a los oficiales de Seleka que ocupaban el Hotel Ledger. Él siguió el consejo inmediatamente. Cuando él le contó al coronel lo que había pasado, él le dijo que llevara todos sus vehículos al hotel para que fueran custodiados allí.

"Cargamos todas las posesiones que quedaban en los coches y los llevamos al hotel. Unos días más tarde, envié a uno de mis colaboradores para ver si los coches seguían allí. El enviado descubrió que los coches ya no estaban allí. Fue a preguntarle al coronel lo que había pasado. El coronel le contestó gritando que nunca más le preguntara por los coches.

"Entonces supimos que lo habíamos perdido todo. Reuní a mi familia y me fui en busca de un lugar más seguro en las afueras de la ciudad. Mi vecino me dijo que los rebeldes volvieron buscándome y que han amenazado con matarme cuando me encuentren."