Desde 1990, el 27 de octubre, se celebra la independencia de Turkmenistán. El país, que ocupa el puesto 22 en la Lista Mundial de Persecución 2020, fue parte de la Unión Soviética y tiene la herencia de un gobierno autoritario que teme al fenómeno religioso. Incluso las iglesias cristianas tradicionales, como las iglesias ortodoxas y las armenias, son supervisadas por las autoridades. Además, también se supervisa y restringe la impresión e importación de materiales cristianos. La situación es aún peor para los cristianos de trasfondo musulmán, que también son perseguidos por familiares y la comunidad.

En nombre de la estabilidad social, todas las fronteras del país están custodiadas por la policía, el servicio secreto y el ejército. Pero se presta especial atención al territorio que une Turkmenistán con Afganistán. Todas y cada una de las sospechas de extremismo religioso están fuertemente restringidas, esto sucede incluso en la prohibición a los musulmanes de dejarse crecer la barba y a las mujeres cubrirse demasiado, como exigen los grupos yihadistas.

Debido a la fuerte vigilancia gubernamental y la falta de libertad de la población para estar de acuerdo con las acciones del estado, muchos se refieren a Turkmenistán como la Corea del Norte de Asia Central. Una de las similitudes entre naciones es el culto al líder del país. El presidente Gurbanguly Berdimuhamedow ha estado en el poder desde 2006 y se ha llamado a sí mismo el protector de todos. Además, hay una estatua suya cubierta de oro de 24 quilates y cientos de fotos esparcidas por las calles de Turkmenistán.

La prohibición del COVID-19

En abril de 2020, cuando la pandemia COVID-19 estaba en aumento alrededor del mundo, el liderazgo del país afirmó que no había ningún caso de la enfermedad en el territorio. Pero los funcionarios internacionales creían que el gobierno de Turkmenistán ocultó los datos reales. Puertas Abiertas informó que el país no ha sido puesto en cuarentena y ha prohibido el uso de cubrebocas y las conversaciones sobre el coronavirus.