¿Es posible vivir en un país con 1.400 millones de personas y sentirse solo?  Tristemente, la soledad es un problema universal humano. Incluso en China, el país más poblado del mundo, hay muchos que la experimentan. Entre ellos, un grupo de varios miles de cristianos clandestinos. Cristianos como Makin y su familia, a quienes Puertas Abiertas ha visitado recientemente para traerles ánimos.

Pocas personas se dan cuenta de que veinte millones de musulmanes viven en China. Makin y su madre nacieron en una familia musulmana. Nos encontramos con ellos en la época de Korbán, un importante festival islámico comparable al Festival de Primavera de China o a la Navidad para los occidentales. Las familias se unen en esta fiesta. Imagínate tener una mesa cubierta con deliciosa comida, preparada durante toda la semana. Y entonces ningún miembro de la familia aparece. O peor, solo vienen a la puerta para escupirte y maldecirte. Los cristianos chinos de trasfondo musulmán experimentan el rechazo y el aislamiento de su comunidad a diario. Esa es la persecución que más duele: ser abandonado por tu familia.

Atendiendo a las enseñanzas de la Palabra de Dios sobre ser un solo cuerpo en Cristo, trabajadores de Puertas Abiertas en la región comenzaron una serie de visitas a aquellos cristianos perseguidos que se encuentran aislados por la persecución. Al orar por ellos, tomamos conciencia de la necesidad de orar CON ellos, así que visitamos algunas familias con las que sus familiares cortaron toda relación y nunca los visitaron ni siquiera en época de festividades. Nuestros hermanos en Cristo compartieron con nosotros cómo su fe fue pasada por el fuego.

Para un chino musulmán, tomar la decisión de seguir a Jesús tiene un precio mucho más alto que para un chino de la etnia Han (99% de la población en China). Makin experimentó algo aún peor. Su hermano es líder en una mezquita local. Cuando trató de compartir el Evangelio con él, "su enfado tocó techo", comparte entre risas. Pero lo que viene después no es algo alegre: "les dijo a todos en la mezquita que traicioné a nuestra propia gente. La gente comenzó a ser cruel con nosotros, arrojaron piedras a nuestras ventanas, nuestros familiares nos gritaron".

Una visita para irrumpir en la soledad de Makin y su familia

Como la mayoría de los musulmanes en China, Makin y su familia vive en áreas remotas y lejanas del oeste del país. Las relaciones dentro de la familia son tan importantes para ellos que las honran con sus vidas. Los hombres se juntan durante la temporada de cosecha, ayudan a construir casas y ofrecen apoyo financiero cuando ocurre una emergencia. Ser expulsado de la familia significa perder todo ese apoyo y que tu vida se convierta en un caos.

Aun así, Makin no pierde la alegría: "alabado sea el Señor porque mis hijos y esposa creen en Jesús ahora, pero sabíamos que los demás en nuestra aldea nunca vendrían a nuestra casa como antes… Al principio fue difícil, y no teníamos a nadie más que a Jesús. Aprendimos la lección de confiar solo en Él, pero a veces nos sentimos solos. A veces nos preguntamos si somos los únicos que enfrentamos tales desafíos. Estamos acostumbrados a ver la casa vacía durante el festival, mientras la de nuestros vecinos está llena de invitados. Se ríen tan fuerte que parece que lo hacen a propósito”. Al decir esto, el corazón de Makin se dolió y sus ojos dejaron caer alguna lágrima. Él y su mujer extrañan a sus familiares: “Me gustaría que pudieran venir, pero si el precio es negar a Jesús, estoy dispuesto a vivir sin ello".

La madre de Makin también vive con ellos y también sufre el precio de seguir a Cristo: "Es difícil para mi madre, porque en nuestra cultura las mujeres generalmente se quedan en casa y no tienen mucha vida social como los hombres. Hablar con mis tías y otras parientes femeninas es el momento más feliz de mi madre. No la he visto reír así durante mucho tiempo”.

A un momento, la madre de Makin le dijo unas palabras a su hijo que compartió a nuestros compañeros: "Mi madre me dijo que está muy feliz de que nos visitéis durante el festival. Podemos perder muchos parientes, pero ganamos una familia en Cristo”, dice sonriente.

Antes de irse, los trabajadores de Puertas Abiertas oraron por Makin y su familia para pedirle a Dios que los bendiga y los consuele cuando se sientan solos. Unámonos a esa oración, que nuestras oraciones trasciendan la distancia geográfica y puedan ellos sentir que nunca están solos, porque ese es también Su nombre: Emmanuel, Dios con nosotros.

Sirviendo a los cristianos de trasfondo musulmán en China

Hay más de 20 millones de musulmanes en China, y la mayoría de ellos viven en áreas remotas. Cuando se convierten en cristianos, son fáciles de aislar: si la población cristiana en China se estima en 97.2 millones, el número de CTM (Creyentes de Trasfondo Musulmán) solo son algunos miles.

Puertas Abiertas se asocia con iglesias chinas para visitar CTM, consolarles y orar con ellos, pues "Somos un solo cuerpo en Cristo". También fortalecemos su fe al proporcionarles formación relacionada con la persecución, materiales cristianos y desarrollo de liderazgo.