El domingo 25 de abril, supuestos militantes Fulani llevaron a cabo un ataque contra la Iglesia Bautista en el poblado de Manini, en la localidad de Chikun, mientras se celebraba la reunión matutina. Una persona fue asesinada, otra herida, y otras cuatro mujeres fueron secuestradas, entre ellas una viuda que perdió a su marido en un ataque anterior.

Este suceso tuvo lugar cinco días después de que 22 estudiantes y personal de la Universidad de Greenfield murieran durante un ataque por un grupo armado en la misma localidad. Los secuestradores piden un rescate de 800 millones de naira (casi 1.800.000 euros), y amenazan con matar a los rehenes. Se han encontrado los cuerpos sin vida de cinco de ellos.

Kaduna ha visto un incremento en el número de secuestros desde finales de 2020. Entre el 15 de febrero y el 12 de marzo, 1,100 personas fueron secuestradas en Nigeria.

Kaduna registró la cifra más alta, según datos del Seguimiento de Seguridad Nigeriano (NST), de acuerdo con el noticiario HumAngle.

El sitio añade que aproximadamente 240 personas fueron secuestradas en el mismo mes el año anterior.

Las escuelas son objetivo frecuente de estos ataques: 700 estudiantes han sido secuestrados en sus escuelas desde diciembre, informa Reuters.

La violencia ha interrumpido la educación de millones de niños. Algunas escuelas han cerrado, mientras que hay padres que temen enviar a sus hijos al colegio.

UNICEF estima que en 2020 el 47% de los niños al norte de Nigeria se quedaron sin ir al colegio en una región que ya sufre en el sector educativo.

El 6 de Mayo Reuters informaba de que 29 estudiantes de la Escuela Federal de Forestación y Mecanización de Kaduna, que habían sido secuestrados, fueron liberados tras el pago de un rescate. Hombres armados atacaron la escuela el 12 de marzo y se llevaron a 39 estudiantes. Desde entonces han liberado a diez de ellos.

Mientras tanto, los padres de las más de 100 jóvenes secuestradas en Chibok en 2014, y los de la adolescente Leah Sharihu, secuestrada en 2018, aún esperan su regreso.

Leah, de 17 años, fue secuestrada en el colegio por el grupo armado Boko Haram y, a diferencia de sus compañeros, no se le permitió regresar a casa por negarse a renunciar a su fe cristiana, según algunas fuentes.

En febrero sus padres escribieron una carta pública sobre su duelo, donde recordaban al Presidente Muhammadu Buhari la promesa que le hizo a la madre de Leah en 2018.

"La nación está en llamas"

Según informa Reuters, dado que la creciente inseguridad en distintas zonas del país parece estar fuera del control de las fuerzas militares gubernamentales, algunos parlamentarios han instado al Presidente Buhari a declarar el estado de emergencia.

"La nación está en llamas," declaraba para Reuters Smart Adeyemi, un senador local del partido al que pertenece Buhari.

"El Presidente debe actuar en consecuencia con la situación y enviarnos a gente para salvar [Nigeria]. Si no lo hace nos consumirán. No podemos quedarnos callados más tiempo."

Un portavoz de Puertas Abiertas ha dicho que la organización está tremendamente preocupada por la volátil situación en la que es la economía más grande de África.

Este año Nigeria ha entrado entre los diez primeros países de la Lista Mundial de la Persecución, elaborada por Puertas Abiertas, y que enumera los 50 países donde más difícil resulta vivir para los cristianos.

Los ataques por grupos criminales oportunistas supone una amenaza más a la seguridad, que se suma a lo que los Nigerianos enfrentan por parte del grupo extremista islamistas Boko Haram y una gran parte de militantes Fulani también islamistas, ha dicho Jo Newhouse, portavoz de Puertas Abiertas en África Subsahariana.