El Día Internacional de la Niña, el 11 de octubre, es un buen momento para reflexionar sobre la situación de las adolescentes en todo el mundo: ¿están a salvo de la violencia de género y de prácticas dañinas mientras forjan su futuro? La realidad en respuesta a esta cuestión es que no todo va bien, especialmente cuando provienen de una minoría religiosa, dice Helene Fisher, especialista de la Global Gender Persecution de Puertas Abiertas Internacional.

En contextos de represión religiosa severa, las desigualdades y la violencia con las que las adolescentes crecen habitualmente, son utilizadas también para poner en peligro la libertad y el futuro de chicas cristianas por cause de su fe,” añade.

Lisa Romani Mansi, de 17 años, iba de camino a la escuela cuando desapareció en un vecindario de El Cairo (capital de Egipto) el 19 de noviembre de 2019. Jamás regresó. Su móvil estaba apagado; sus amigos y su familia siguen sin saber qué le sucedió. Las investigaciones policiales no han obtenido ningún resultado.

El 5 de enero desapareció Sadiya Amos, de 17 años, que formaba parte de una familia cristiana en Kaduna (Nigeria). Un mes después pudo escapar de sus secuestradores, que la habían retenido en una habitación cerrada y la obligaron a convertirse al islam.

En países de África, las niñas son secuestradas, obligadas a casarse con hombres musulmanes, o bombardeadas con mensajes de que el islam es una religión superior. Esto es efectivo sobre todo en zonas rurales, donde normalmente los cristianos no tienen una gran educación y no pueden acudir a la iglesia.

Un antiguo miembro de una red de secuestradores contó al World Watch Monitor en 2017 que “un grupo de secuestradores se reúne en una mezquita para hablar sobre las posibles víctimas. Vigilan de cerca los hogares cristianos y controlan todo lo que ocurre. Entonces, tejen una telaraña a su alrededor [de las chicas]”.

Añade que “los secuestradores reciben grandes cantidades de dinero. La policía les puede ayudar de diferentes maneras, y cuando lo hacen, también pueden recibir una parte de la recompensa que las organizaciones islamistas dan a los secuestradores”.

Esta captación con fines sexuales de chicas y mujeres pobres pertenecientes a minorías religiosas necesita una especial atención, declaró Mariz Tadros. Añade que las investigaciones muestran que la captación no está solamente relacionada con la depredación sexual, sino que también supone “un proyecto político más amplio para dañar a la minoría religiosa y crear una sociedad con una sola religión”.

Las pruebas sugieren que se buscan chicas y mujeres de minorías religiosas para diferenciarlo de la captación sexual a la que siempre se somete a estas mujeres y chicas; las normas sociales permiten su realización y las leyes no evitan que esto suceda”.

Según la información que Puertas Abiertas ha venido recabando durante los últimos años, las mujeres y chicas de minorías religiosas son doblemente vulnerables a la discriminación y a la violencia, por causa de su edad y de su fe. Por ello, los defensores de Derechos Humanos, que tal vez no compartan la misma fe, se vuelven aliados para erradicar la impunidad con la que estas tres violaciones de los derechos humanos (agresiones sexuales, matrimonios forzosos y arrestos domiciliarios) están dañando a todas las comunidades religiosas de un país.