Hace dos meses que los cristianos coptos de una localidad en el norte de Egipto sufrieron una secuencia de eventos traumáticos que terminaron en un fuerte abuso policial. Las víctimas aún no han recibido ningún tipo de justicia por parte de las autoridades estatales de seguridad, que infringieron la ley y violaron los derechos humanos de sus ciudadanos.

El 16 de septiembre, en la localidad de Deir Gabal al-Teir, fuerzas de seguridad egipcias tendieron una emboscada a varios hogares coptos en mitad de la noche. Procedieron a robar y destrozar las pertenencias de las familias, antes de sacar a docenas de residentes de sus camas, atando sus manos detrás de la espalda y golpeándolos con palos. Luego la policía procedió a arrastrarlos a la comisaría mediante una sola cuerda.

Las fuerzas de seguridad impusieron ese castigo colectivo a los aldeanos en respuesta a una manifestación iniciada por un grupo de coptos el día anterior. Estaban protestando delante de la comisaría para presionar a la policía a investigar la desaparición producida dos semanas atrás de una mujer copta de 39 años, Iman Morqos Saroufim.

En un principio sus familiares presentaron una denuncia policial el 3 de septiembre, creyendo que había sido secuestrada por el musulmán Muslim Sami Ahmed Abd al-Rahman. La policía respondió que no podían ayudar, declarando que creían que Saroufim se había marchado por su propia voluntad, y que desde su marcha además se había convertido al islam.

Después de dos semanas de negociaciones infructuosas por parte de sus amigos y familiares con líderes ejecutivos y de seguridad de la provincia, centenares de personas de la comunidad copta organizaron una manifestación delante de la comisaría. La protesta se tornó violenta, rompiéndose las lunas delanteras de un vehículo policial y de un vehículo de defensa civil.

La policía usó gas lacrimógeno para dispersar a los manifestantes, y luego procedieron a asaltar su poblado la misma noche.

El 26 de septiembre, Saroufim regresó por sorpresa a su familia y dijo a los medios de comunicación que había "escapado".

Hablando con "Mideast Christian News” (MCN, Noticias de Cristianos de Oriente Medio), dijo que un hombre musulmán la había secuestrado. "Trató de forzarme a ir con él a Al-Azhar para convertirme al islam, pero yo me negué. Llevó a otra mujer con velo a Al-Azhar, pretendiendo que era yo, para cambiar mi religión. Consiguió cambiar mi religión utilizando mi fotografía."

A pesar del castigo colectivo, ningún policía fue acusado del ataque.

"La brutalidad policial en este incidente es similar a los ataques bajo el gobierno del antiguo presidente egipcio Hosni Mubarak. Es la misma y vieja historia,” dijo un pastor de El Cairo a World Watch Monitor.

En un encuentro entre el ministro del Interior Mohamed Ibrahim y un delegado copto del distrito de Minya el 23 de septiembre, Ibrahim prometió compensar a los propietarios de los hogares por cualquier daño.

El editor Youssef Sidhom del Watani International dijo que no estaba satisfecho con ese tipo de respuesta, "es necesaria una investigación imparcial de la respuesta brutal de la policía ante la protesta iracunda de los aldeanos coptos contra el fracaso policial –más bien, inactividad– para encontrar la mujer desaparecida y traerla a casa.”

"La manera en que la policía manejó los acontecimientos no puede ser simplemente pasada por alto. Eso implica que aceptamos que la policía vuelva a sus antiguas prácticas de brutalidad y terror,” dijo Sidhom.

Moktar Younan, un copto de Deir Gabal al-Teir, dijo a MCN el 5 de octubre, "los residentes del poblado están esperando la decisión del gobierno sobre la compensación por los daños que les fueron infligidos, debido al ataque cometido contra ellos después de la desaparición de Saroufim.”

Poco después del regreso de Saroufim, la diócesis ortodoxa copta Samalout dijo que ella regresó a su familia por su propia voluntad. La iglesia pidió a la comunidad y los medios que dejaran de hablar sobre el caso, declarando: "Esperamos que todo el mundo deje de hablar sobre este asunto y lo deje en manos de los canales legítimos del estado."

Castigo colectivo con impunidad

El uso de esta forma de castigo colectivo con impunidad por parte de la policía egipcia es una práctica común.

"Si algunos manifestantes atacaron a personal de la policía y lanzaron piedras contra ellos, entonces es una transgresión que necesita ser tratada de acuerdo con la ley. Pero de ninguna manera se justifica el uso de un castigo colectivo contra el poblado, el uso de violencia excesiva, o la participación en prácticas degradantes ", dijo Ishak Ibrahim, un oficial de la Iniciativa Egipcia para los Derechos Personales (EIPR - Egyptian Initiative for Personal Rights).

El 2 de Octubre, EIPR instó al fiscal a iniciar una investigación de las denuncias contra la policía, y de las denuncias presentadas por Saroufim contra el Ministerio del Interior.

"Los lamentables acontecimientos que tuvieron lugar en Deir al-Gabal Teir revelaron las raíces del problema principal, que es la ausencia de una política clara y leyes específicas para garantizar la libertad de religión, sea cual sea, y la libertad de los ciudadanos a cambiar de religión cuando quieran ", dijo EIPR en su comunicado de prensa.

"Es responsabilidad del estado resolver las disputas sectarias siguiendo el principio del estado de derecho, sin recurrir al castigo colectivo, al derecho consuetudinario, o a otros métodos que no respeten los derechos de ciudadanía de las minorías religiosas", dijo EIPR.

El secuestro de coptos es un "buen negocio”

En cuanto a la cuestión recurrente de las mujeres cristianas secuestradas, Ebram Louis cree que las manifestaciones son el único método para obligar a la policía a tomar cualquier acción para traer de vuelta a esas mujeres.

Louis, el fundador de la Asociación para Víctimas de Secuestros y Desapariciones Forzadas dijo a MCN el 17 de octubre que la postura de la policía egipcia es sesgada en contra de los cristianos cuyas hijas han sido secuestradas por musulmanes.

La policía no suele actuar, dijo, incluso si la chica ha estado desaparecido durante 24 horas y la familia ha sido amenazada con una petición de rescate, "porque tienen miedo de los grupos militantes."

"Ni siquiera hicieron seguimiento de las llamadas telefónicas, no identificaron a las personas que llamaban ni arrestaron a los infractores. La policía no ha ayudado a las familias de las chicas secuestradas en absoluto. Es más, algunos agentes de policía dijeron a las familias que no buscaran a sus hijas secuestradas, ya que se habían convertido a la religión correcta", dijo Louis.

Sin ningún tipo de protección es especialmente fácil para los secuestradores buscar sus víctimas entre las familias ricas de Egipto, para extorsionar a los familiares pidiendo un rescate. "Los coptos siguen sufriendo secuestros con petición de rescate," subrayó Ibrahim de EIPR en un informe de fecha 18 de octubre dirigido a MCN.