El 3 de agosto de 2014 el Estado Islámico lanzó un ataque sobre los yazidies de Sinjar, al norte de Irak, asesinando y secuestrando a su paso. Miles de mujeres y chicas aún permanecen en paradero desconocido. Tras el ataque los extremistas islámicos se dirigieron hacia las llanuras de Nínive, lo que provocó que unas 120.000 huyeran de sus casas. Nadie sabe cuantas personas más murieron, pero se han descubierto fosas comunes y se seguirán descubriendo en las próximas décadas. La abogada de los derechos humanos, Ewelina u. Ochab, comentaba lo siguiente en un artículo para Forbes: “Esta es la dura realidad que sufren aquellos cuyas familias han desaparecido”.

Aunque las atrocidades cometidas han sido reconocidas como crímenes contra la humanidad, solo unos pocos han sido juzgados y sentenciados. Mientras tanto la ideología extremista que caracterizaba al Estado Islámico sigue más viva que nunca, y los integrantes que quedan de este grupo están utilizando el Covid-19 para fortalecer su presencia, tal y como ha avisado ya la Organización de las Naciones Unidas.

“Aunque la ocupación del Estado Islámico (EI) ha terminado y se ha sanado mucho del daño causado, la dificultad aún está presente. El EI ha sido derrotado militarmente, pero ideología extremista aún sigue presente entre la gente”, comenta un portavoz del proyecto “Esperanza para Oriente Medio” (H4ME por sus siglas en inglés) de Puertas Abiertas. “Los cristianos aún tienen que enfrentarse a mucha presión por parte de la mayoría musulmana”, continúa diciendo.

Esta presión sumada a la combinación de la crisis económica actual y la pandemia del Covid-19 causa que los cristianos tengan dificultades en su día a día, lo que ha provocado que más de un millón (en su mayoría jóvenes) se vean obligados a dejar el país.

Ante el miedo a que la iglesia de Irak se extinguiera, Puertas Abiertas lanzó su campaña H4ME para, no solo restaurar la esperanza de la iglesia de Oriente Medio, sino que esta a su vez pudiera ser agente de cambio y de esperanza de sus comunidades, regiones y países en general.

Desde el inicio de la campaña unas 125 iglesias (casi dos tercios del total de iglesias) se han convertido en Centros de Esperanza. Desde estos puntos logísticos se ofrece ayuda de primera necesidad como comida, ropa o medicamentos. Además, se capacita a las personas en diversas áreas y se les ofrecen apoyo para sacar adelante proyectos de generación ingresos, con los que crear pequeños negocios y poder sostenerse económicamente.

Estos centros dan esperanza y ofrecen una nueva perspectiva, ambas muy necesarias entre los cristianos de la zona. De esta manera muchos pueden- convertirse en luz para su sociedad. Sin este apoyo muchos no tendrían más remedio que abandonarlo todo y dejar el país.