El pastor de 41 años que lideraba una congregación de unos 50 miembros fue secuestrado en su casa el pasado 19 de enero por cinco hombres para supuestamente interrogarle. Tras varias semanas en paradero desconocido, el 1 de febrero se confirmó su muerte, el pastor podría haber sido asesinado junto a otros tantos cristianos por una facción rebelde del ejército.

La zona, el distrito de Sittwe en el estado de Rakhine al sudoeste del país, ha sido escenario del terrible genocidio Rohingya que el ejército cometió en el 2017.

El pastor deja atrás a su mujer y tres hijos, aunque muchas iglesias del país ya se han ofrecido par ayudar a la familia.

El líder local fue imposible de localizar durante las dos semanas que estuvo en paradero desconocido, y no se recibió ninguna petición de cobro o rescate a la iglesia o la familia.

La violencia continúa devastando el estado de Rakhine mientras los insurgentes siguen luchando por mayor autonomía para los budistas de la región.

"Los continuos ataques salvajes contra el estado de Rakhine son desgarradores", dijo Bob Roberts, copresidente de la Coalición de Fe para Parar el Genocidio en Birmania en unas declaraciones. "El pasado mes de junio, pasé 10 días en el estado birmano de Kachin, en el que alrededor del 95 por ciento de los ocupantes son cristianos. Nuestros hermanos y hermanas no pueden seguir sufriendo a manos de estos matones. La gente de Kachin y Rohingya necesita ser repatriada a su país y a sus aldeas con plenos derechos".

A principios de enero, un grupo rebelde budista de Rakhine mató a 13 agentes de policía e hirió a otros nueve en ataques contra cuatro comisarías. A finales de mes, las fuerzas de seguridad devolvieron el favor en un contraataque que mató a 13 combatientes étnicos.