Rashmi es una niña de apenas diez años de edad. Siendo una cristiana conversa en una zona de mayoría budista, ninguno de sus compañeros compartía su fe, y por ello sufrió acoso.

Cuando regresó a casa esa misma tarde, la niña contó a sus padres lo sucedido y les dijo que tenía dolores, pero ellos no prestaron demasiada atención: “Mi hijo tuvo un accidente ese día y estaba herido grave. Al estar en tan mala forma, centramos nuestra atención en él, y pasamos por alto lo que sucedió con mi hija,” explica la madre, entristecida.

Los días fueron pasando, y Rashmi continuó yendo a la escuela como de costumbre, aunque a veces se quejaba de que le dolía la espalda.

Sin embargo, recientemente su estado se tornó serio, hasta el punto de que ya no podía caminar, ni hacer prácticamente nada por sí misma; esto evidentemente alertó a la familia de que la niña necesitaba atención médica. “Cuando la niña, que estaba bien, de repente no era capaz de caminar, nos quedamos en shock,” explica la madre a nuestro colaborador local.

Rashmi, sufrió serios daños en la médula y el abdomen, y puesto que no recibió atención médica inmediata, su estado continuó empeorando.

A pesar de sus limitaciones, a la joven le encanta ir a la iglesia cada domingo. Cuando le preguntan cómo se ha sostenido en las dificultades, Rashmi sonríe de oreja a oreja y declara: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”

Comparado con cómo estaba antes, su estado a mejorado mucho,” explica su madre. “Y aunque los médicos están tratándola, creo que la sanidad viene de Dios.”

Tras unas semanas de tratamiento, Rashmi puede caminar de nuevo, aunque sigue dependiendo de su madre para asearse y vestirse. No puede ir a la escuela hasta recuperarse, y puesto que la familia no tiene recursos, no pueden permitirse pagar por clases adicionales, aunque sus compañeros de clase comparten con Rashmi sus apuntes.

A pesar de todas las dificultades, Rashmi y su madre están convencidas de que Dios la sanará por completo.