A mediados de marzo, desaparecieron del almacén de una fábrica de El Cairo, diferentes souvenirs con motivos de Egipto.
El propietario de la fábrica tuvo que cerrar y se fue de Egipto poco después de la revolución del país en 2011. Assad Attiya, un empleado que trabajó en la tienda durante 13 años, afirmaba que el dueño de la fábrica es cristiano como él.
“El propietario tiene miedo a volver. Cada día es más difícil continuar en esta situación y queremos irnos de aquí”, explicaba desde atrás de un mostrador desértico, Attiya, de 48 años.
Se estima que hay decenas de miles de cristianos que han salido del país después de la revolución. Se han ido debido a la preocupación ante el incremento de musulmanes radicales y a la inestabilidad general que está provocando que les ataquen, afirman.
Tal vez el ejemplo más dramático de esta presión tuvo lugar un domingo en el centro de El Cairo, donde una multitud atacó a las cristianas que salían de un funeral oficiado en la principal catedral cristiana copta de Egipto. El funeral se celebraba por cuatro hombres asesinados en un tiroteo en la capital dos días antes, también murió un musulmán. Algunos de los atacantes, junto a simpatizantes musulmanes, gritaron contra el presidente egipcio, Mohamed Morsi y su gobierno mayoritariamente musulmán.
La multitud respondió a los manifestantes con piedras y cócteles de gasolina. La policía se presentó, pero según un gran número de agencias de noticias, se pusieron del lado de los atacantes, disparando gases lacrimógenos en el patio de San Marcos y sin detener a ninguno de los violentos.
“El Estado tiene que asumir una mayor responsabilidad”, declaró el obispo Angaelos (obispo general de la Iglesia Ortodoxa Copta en el Reino Unido), en un comunicado emitido después de la revuelta del domingo. “Desde que en 2011, la revolución popular que derrocó al ex presidente Hosni Mubarak, hemos observado una escalada de ataques contra los cristianos, sus comunidades, iglesias y ahora al Patriarcado. Durante este último período, en el que se esperaba una mejora del país, hay preguntas que debieran ser respondidas ¿A qué esperan las autoridades? ¿Más derramamiento de sangre, violencia, hostilidad, alienación, marginación, división, o simplemente una mayor anarquía?”
Muchos cristianos no pueden seguir esperando las respuestas.
Attiya, el empleado de la fábrica, nos contaba que durante los dos últimos años ha estado solicitando la tarjeta de residencia permanente a Estados Unidos, pero no la ha obtenido. Hace unos meses, solicitó un visado de turista para visitar a su hermano que trabaja en Nueva York, pero se lo han denegado.
“Los egipcios, por naturaleza, son amables, pero las actuales circunstancias están provocando que esto esté cambiando, y la desconfianza se extiende por el país”, nos explicó Attiya.
“Esperábamos que la situación del país mejorase, pero ahora nadie sabe qué va a pasar”, comentó reflejando su decepción, “lo que unía a miles de musulmanes y cristianos, ha desaparecido”.
Un gran número de egipcios, incluyendo miles de musulmanes, se oponen al gobierno de los Hermanos Musulmanes. Hay huelgas y manifestaciones prácticamente a diario. El ejército y las fuerzas de seguridad del país tampoco están de acuerdo con el nuevo gobierno, y en ocasiones se han retirado por completo de algunas ciudades del país.
Este estado de inestabilidad, la economía decadente y el aumento de la delincuencia, ha hecho que muchos egipcios se planteen abandonar el país, sobretodo los cristianos egipcios que declaran ser un blanco fácil cuando el problema estalla y no hay forma de recibir protección.
“Están convencidos de que cualquier pequeño problema, puede provocar un estallido de violencia”, afirma Douglas May, sacerdote católico norteamericano residente en Egipto, donde lleva viviendo 18 años.
También afirmó que, aunque bajo Mubarak había restricciones para las minorías, como la prohibición de la construcción de iglesias y reuniones, los cristianos se sentían más seguros porque al menos el país parecía estar bajo control.
“Se sienten muy vulnerables”, afirmó May, “ya no se encuentran cómodos”. Comparó la situación existente con la de los negros estadounidenses antes del movimiento de los derechos civiles, “porque no hay un sistema que los proteja”.
En las regiones al sur de El Cairo, por ejemplo, los secuestros de cristianos son cada vez más comunes. La Asociación de Prensa informa que, desde el estallido de la Revolución, se han producido más de 150 secuestros en la provincia de Minya.
El móvil principal del secuestro es la recompensa económica, no la religión. Se sienten más impunes a la hora de secuestrar a miembros de alguna minoría, saben que no tendrán que rendir cuentas por crímenes contra los cristianos.
“El estado ha provocado que la sangre cristiana sea barata”, declaró el padre Estephanos de la Iglesia Ortodoxa Copta de Samalout, a unos 80 kilómetros al sur de El Cairo.
Los informes emitidos por los organismos de derechos humanos, así como el Departamento de Estado de EE.UU., concluyen que las fuerzas de seguridad del gobierno han fallado a la hora de prevenir o detener la violencia contra los cristianos desde la Revolución. Hacen una mención especial a la manifestación pacífica del 9 de octubre de 2011 la mayoría eran cristianos. El resultado fue de al menos de 28 muertos.
“El suceso violento ocurrido el domingo en la catedral de San Marcos, es parte del colapso general de la seguridad en Egipto, y la evidencia de que los Hermanos Musulmanes son incapaces de gobernar el país”, dijo Alfred Raouf, un ingeniero informático cristiano y miembro fundador de Al Dostour, un partido de la oposición egipcia basado en principios seculares.
“Toda esta tensión es obra de Sadat y Mubarak que permitieron a los islamistas predicar el odio a los no musulmanes, cristianos y otros”, explicó Raouf. “La tensión, afecta a todos los egipcios, musulmanes y cristianos”.
“No creo que los cristianos estén sufriendo más que los musulmanes”, añade.
Según un diplomático europeo con sede en El Cairo el malestar es sentido por todos los egipcios. Bajo la seguridad del anonimato, afirmó que era “muy probable” que el deseo de seguridad y bienestar económico estaba dando lugar a un aumento, en su embajada, de la demanda de visados y añadió que los solicitan tanto cristianos como musulmanes.
Se negó a darnos el número de solicitudes que había recibido su embajada o cuáles de ellas eran por motivos religiosos, insistió en que era “muy fácil” asumir que los cristianos salían debido a la persecución religiosa, ellos, como sus compatriotas musulmanes, buscan un lugar seguro y con oportunidades económicas en otros países.
No hay cifras oficiales sobre el número de cristianos que ha abandonado Egipto desde la revolución, aunque se estima en decenas de miles de personas.
“Cuando no hay transparencia, abundan los rumores”, afirmó Ibrahim Isaac Sedrak, Patriarca de los, aproximadamente, 250.000 cristianos coptos de Egipto. “Hay quienes dicen que son cientos de miles, otros dicen miles, pero sólo sabemos que se están yendo. No sólo los cristianos, también los musulmanes se van del país”.
Él y otros líderes cristianos, entre ellos el Papa Tawadros, han pedido públicamente a sus comunidades “no tengáis miedo”, y “orar por la estabilidad y la paz en la tierra”. Pero algunos también han admitido que convencer a sus comunidades para que se queden cada vez es más difícil.
“No puedo convencerlos para que no salgan al extranjero”, dijo Sedrak. “Todo lo que puedo hacer es decirles que están aquí, en nuestro país, y que tenemos un mensaje. Sí, aquí tenemos problemas, pero también hay dificultades fuera”.
Salah, de 35 años de edad y padre de cuatro hijos, declaró que no podía imaginar una vida más difícil que la que la que ya conoce en Manshiyat Naser, un barrio pobre a las afueras de El Cairo, donde vive junto a miles de personas. Muchos de ellos salen adelante rebuscando entre la basura.
Salah, es sólo su nombre de pila y así nos pidió que lo escribiéramos, contó que malhechores musulmanes atacaron la zona en marzo de 2011, después de que cristianos protestaran por la quema de una iglesia en otra zona de El Cairo unos días antes.
Nos comentó que miembros del ejército fueron testigos de cómo los malhechores saquearon e incendiaron hogares cristianos usando la violencia.
“Casas incendiadas, familias destruidas, nueve cristianos asesinados, y no sé cuántos resultaron heridos”,  relató Salah, el mismo relato que ha sido documentado por asociaciones internacionales de los Derechos Humanos.
Desde entonces tiene miedo, ha dejado de recoger la basura fuera del barrio, y trata de vivir de lo que saca con la venta de restos de perchas de plástico. También recibe alimentos de forma ocasional de una iglesia del barrio.
Salah comentó que uno de sus familiares ha solicitado “20 veces” el permiso de residencia permanente en Estados Unidos. Afirma que también sueña con salir de allí, pero que no cree que fuese capaz. Es analfabeto, con cuatro hijos pequeños y viudo, su esposa murió al dar a luz hace tres años.
“Muchos cristianos quieren irse”, dijo Salah, “pero sus posibilidades son limitadas”.

Por James Martone