Nadia*, una creyente palestina de trasfondo musulmán que vive en Israel comparte cómo la Navidad puede ser una época particularmente solitaria para creyentes como ella. 

Cerca de Belén, donde Cristo nació, los conversos del islam a menudo no tienen lugar para quedarse con sus familias. Nadia luchó con esta realidad durante años. Nos cuenta cómo, después de que su familia descubriese su fe en Cristo, fue expulsada de su comunidad y obligada a buscar una nueva vida en otra parte del país. En diciembre, cuando muchos cristianos celebran y se divierten con su familia, ella está sola. "Realmente extraño a mi familia y me enfrento a mi soledad."

Muchos creyentes aislados de familias musulmanas no pueden celebrar la Navidad abiertamente ya que sus familiares no conocen su fe. Incluso una pequeña vela de Navidad puede revelar su fe y traerles serias consecuencias. Así que: nada de árboles de Navidad, villancicos, o repartir regalos.

Pero Nadia no se conforma, ella también quiere celebrar de forma especial el nacimiento de Jesús. Es por eso que, al no estar casada y vivir sola, ahora abre su casa cada año para que otros creyentes clandestinos como ella puedan celebrar la Navidad en su casa. "El año pasado en Navidad había 14 personas en mi apartamento celebrando y se quedaron a dormir. Trajeron sus propias decoraciones, e incluso un árbol, y trajeron toda la comida que les gustó. Lo pasamos muy bien juntos", nos cuenta, emocionada.  "Realmente tenían la sensación de que este era también su hogar."

Aun así, Nadia encuentra que, incluso con una casa llena de gente, de vez en cuando el dolor de no tener cerca a hermanos, hermanas, tíos y tías hace mella: "Hay momentos para todos nosotros en los que de repente nos damos cuenta; y, sí, siempre duele."