"Desde fuera, no fue nada especial", recuerda Nava (nombre ficticio para proteger su identidad). "Sólo éramos mi madre, mi hermanito y yo sentados en la mesa, como hacemos todas las noches. Pero esta noche, de algún modo, automáticamente, puse un cuarto plato: para Jesús".

Nava y su familia consiguieron algunas decoraciones navideñas, pero no tenían regalos para desenvolver, al menos no regalos materiales. Pero… "Sentí como si Jesús estuviera realmente presente físicamente. Y los regalos que nos dio eran más preciosos que los que un humano podría dar", recuerda Nava.

La noche de su primera Navidad, Nava y su familia recibieron regalos espirituales, respuestas a sus oraciones. "Mi madre fue liberada de sus problemas de ira. Mi hermano, que solía ver fantasmas en su dormitorio, fue liberado de ellos cuando invocó el nombre de Jesús esa noche".

La propia Nava, que estaba involucrada en una relación un hombre casado, fue liberada de esa relación. "Desde ese día me considero esposa de Cristo y trato de vivir en consecuencia", dice Nava.

Aunque la historia de la primera Navidad de Nava suena agradable y acogedora, conoce muy bien los peligros que están conectados con ser cristiana y celebrar la Navidad en Irán. Cada año, en la época de Navidad, se realizan redadas en las casas donde se celebran reuniones cristianas clandestinas.

"Soy una creyente joven, pero he pensado meticulosamente en los peligros. He leído los testimonios de otros cristianos. Y sí, puedo decir de todo corazón que estoy dispuesta a sufrir por Cristo si es necesario. El Señor es mi poder."

Por último, le preguntamos si tiene algún deseo especial para la Navidad de este año, y dice: "Espero que sea tan especial como mi primera Navidad. No se trata de regalos físicos, sino de pasar un tiempo especial con Jesús y mi familia". Oremos para que así sea otra vez para Nava, su madre y su hermanito.