Los líderes cristianos de Myanmar sufren la opresión desde varios frentes. La lucha entre el ejército y distintos grupos étnicos armados ha plagado durante mucho tiempo los estados predominantemente cristianos de Kachin y Shan. Los grupos insurgentes han cerrado iglesias y detenido civiles, entre ellos pastores y estudiantes de la escuela bíblica. Estos grupos insurgentes fijaran como objetivo aquellas congregaciones que sean sospechosas de no apoyarles. Los líderes religiosos que disuaden a los jóvenes de unirse a la lucha también se encuentran el punto de mira de estos grupos armados. El pasado mes de enero, cinco pastores fueron liberados tras nueve meses de cautividad por uno de estos grupos.

Por otra parte, las fuerzas armadas de Myanmar son conocidas por no permitir que nadie socave su autoridad. En agosto del año pasado el ejército amenazó con detener a un pastor debido a una conversación con Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, en la que este pastor expresó su preocupación ante la persecución que sufren los cristianos en el país.

La lucha continua ha obligado a miles de personas a huir a campos de desplazados internos.

Aunque se han intentado llevar a cabo muchas iniciativas para alcanzar la paz por ahora ninguna ha realizado ningún progreso significativo a la hora de alcanzar una solución a este conflicto.