El 13 de agosto, la Unión de Cristianos Evangélicos Bautistas de Bielorrusia, la Iglesia Unida de los cristianos de Fe Evangélica del país y la Asociación Religiosa de las comunidades del Evangelio completo, llamaron a los cristianos a “orar para que la violencia y el derramamiento de sangre termine y para que Dios les salve y libere del odio, la venganza y el resentimiento”.

El país se ha visto envuelto en una espiral de violencia y enfrentamientos desde que saliera a la luz la supuesta intervención del actual presidente del gobierno, Alexander Lukashenko, en las pasadas elecciones presidenciales llevadas a cabo a principios de agosto.

Lukashenko ascendió al poder tras el colapso de la Unión Soviética en 1994, convirtiéndose así en el presidente europeo con más tiempo de servicio. Lukashenko es conocido por su afiliación con Rusia y las numerosas políticas de este país que ha implementado en Bielorrusia, como por ejemplo la policía secreta (KGB).

Aunque la libertad religiosa está restringida en este país, la realidad es que la opresión que los cristianos bielorrusos experimentan no llega al mismo nivel que en otros lugares. Sin embargo, la situación actual coloca a la Iglesia de Bielorrusia en una posición dividida debido a que las distintas denominaciones tienen visiones políticas bastante dispares.

Según Rolf Zeegers, analista de la Persecución para Puertas Abiertas: “Los ortodoxos apoyan al presidente Lukashenko mientras que los protestantes se mantienen muy distanciados de las políticas del gobierno. Por otro lado, los católicos abogan por la negociación”.

Por ahora los crotestantes y los católicos no han participado en las manifestaciones debido a, según Zeegers, “El miedo a las repercusiones por parte del gobierno. Esto ha sido así durante años. Esto sin embargo no les prohíbe participar en la oración por su país”.