Juntos, nos estamos enfrentando a un virus que amenaza nuestra salud, nuestra seguridad y nuestro estilo de vida. Y esto se hace más patente en los lugares más duros del planeta. 

Sin embargo, este enemigo común no nos ha unido en todo lugar. Un ejemplo de ello es el caso del conflicto en la frontera entre Armenia y Azerbaiyán. El creciente aumento de contagios por el Covid-19 ha llevado a cuarentenas extremadamente estrictas en ambos países, lo que, junto con la escalada de lenguaje hostil entre los líderes de estos estados, ha creado una tensión que parece que podría terminar llevando a estas naciones a una guerra total. 

Hace dos meses, miles de personas marcharon por las calles de Bakú manifestándose contra la matanza llevada a cabo por parte de los soldados azerbaiyanos a lo largo de la frontera con Armenia. Algunos soldados perdieron la vida en estas manifestaciones, lo que supuso el inicio de un conflicto que aún continúa vigente y cobrándose vidas en ambos bandos. 

Queremos aprovechar este día para traer a memoria las palabras pronunciadas por Jesús en el Sermón del Monte hace 2.000 años, pero que continúan teniendo eco en nuestra oscura realidad global: 

"Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios." 

Mateo 5:9. 

Permanezcamos junto a nuestros hermanos y hermanas de Azerbaiyán y Armenia, mientras que seguimos orando por la paz y para que sean pacificadores en este tiempo de ansiedad y confusión.