La situación para los cristianos en un país donde el 97% son musulmanes suníes ya era dura de por sí, pero se ha ido deteriorando aún más en 2015. Prueba de ello es el décimo lugar que ocupa Libia en la actual Lista Mundial de la Persecución de Puertas Abiertas. Nunca antes se había situado tan alto en la lista.

Desde el fin del régimen dictatorial de Muammar Gadafi en 2011, el país y sus 6,3 millones de habitantes han ido adentrándose en la cultura del caos. Motivados por la ola de protestas de la Primavera Árabe y la caída de los presidentes de Túnez y Egipto, los libios salieron a las calles para protestar en contra de su Gobierno. El levantamiento pronto se convirtió en una guerra civil que duró entre febrero y octubre de 2011. Al menos 30.000 libios murieron en los enfrentamientos. Con el apoyo de la OTAN, los rebeldes pudieron finalmente derrocar a Gadafi, el cual cayó muerto en octubre de ese año tras 42 años de mandato.

Durante la guerra, el Consejo Nacional de Transición (CNT) gobernó el país desde febrero de 2011 bajo el liderazgo de Mustafa Abdul Jalil, tratando de crear un proceso de transición hacia una nueva constitución, pero el CNT sufrió muchas divisiones internas. En marzo de 2011, Mahmoud Jibril se convirtió en la cabeza del CNT y fue relevado por Ali Tarhouni en octubre.

Un año más tarde, el 7 de julio de 2012 los libios votaron por primera vez mediante elecciones parlamentarias. La asamblea que salió de las elecciones designó en agosto de 2012 un Gobierno que se encargaría de realizar el boceto de una nueva constitución que debía aprobarse en un referéndum general.

Todas estas eran señales de avances importantes en la democratización de Libia, pero una vez el enemigo común había sido echado, las mismas fuerzas rebeldes empezaron a enfrentarse entre sí. Y así el país volvió de nuevo a la guerra civil.

Libia está ahora dividida entre la Operación Dignidad, una coalición de tribus y grupos nacionalistas al este del país, y Amanecer Libio, un grupo radical islamista similar al EI mezclado con rebeldes tribales y regionales.

La Operación Dignidad en el este, está liderada por el general Khalifa Haftar. La campaña militar de este grupo se ve sancionado por el Parlamento y el Gobierno de Libia reconocido actualmente por la comunidad internacional. La Operación  Dignidad cuenta con el apoyo material y diplomático de Egipto, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, los cuales consideran al surgimiento de fuerzas islamistas como el EI como una amenaza para la estabilidad de la región.

Por su parte, Amanecer Libio es una coalición de fuerzas formada mayoritariamente por milicias islámicas de diversa estirpe y grado de extremismo. Muchas de estas fuerzas se hicieron a un lado en el proceso de transición democrática ya que se vieron frustradas por sus mismos resultados en las elecciones de junio de 2014. De modo que han establecido su propio parlamento y Gobierno paralelos en la capital, Trípoli. Estos grupos tienen el apoyo de Qatar y Turquía. Algunas facciones de Amanecer Libio han jurado lealtad al autoproclamado Estado Islámico y han perpetrado algunos de los ataques más atroces y despreciables cometidos contra cristianos extranjeros en Libia.

Añadido a los problemas constantes de seguridad en Libia, el país también ha de enfrentarse a otras realidades complejas como el tráfico de personas y munición, dentro y fuera de sus fronteras.

Sin embargo, desde el pasado enero existen pequeñas señales de esperanza para la estabilidad del país. Un nuevo “Gobierno de Acuerdo Nacional” formado por la ONU fue anunciado por el primer ministro Faiez Serraj. Ninguno de los dos grupos enfrentados acepta esta propuesta de gobierno, cuya oficina se sitúa actualmente en Túnez.  

Cristianos en Libia

El cristianismo existe en Libia desde los tiempos del Nuevo Testamento. El mismo Simón de Cirene, el hombre que ayudó a Jesús a cargar la cruz, era de Libia. Los libios estaban presentes en el día de Pentecostés cuando descendió el Espíritu Santo. Con el surgimiento del islam en el norte de África, la iglesia en Libia fue prácticamente extinguida entre el siglo VII y el siglo XII. Aun así, el cristianismo nunca ha abandonado  suelo libio, pero su existencia a día de hoy se centra mayoritariamente en iglesias a las que solo asisten extranjeros.

Hoy en día, las pequeñas comunidades cristianas consisten casi exclusivamente de egipcios y subsaharianos, así como un minúsculo grupo de americanos y europeos. A estos se les permite reunirse en sus iglesias, mientras que a los libios les es prohibido. Asimismo, las reuniones están estrictamente controladas. También existe un pequeño grupo de asiáticos, la mayoría procedentes de la India. Entre 100 y 200 anglicanos asisten a la iglesia los domingos en Trípoli, la mayoría de ellos africanos subsaharianos. Se estima que 80 cristianos ortodoxos (griegos, rumanos, búlgaros y rusos) asisten cada viernes a su reunión. En cuanto a las iglesias protestantes y las católicas, cientos de personas también se reúnen cada semana.

Mientras tanto, a los libios no se les permite asistir a la iglesia. El pequeño número de libios cristiano opta por mantener su fe en secreto, puesto que las iglesias y otro tipo de reuniones religiosas que no estén dentro del islam están prohibidas para ellos. Puertas Abiertas estima que en total existen 20.000 cristianos en Libia, de los cuales solo 150 son libios.

Persecución en Libia

Los cristianos en Libia, tanto los locales como los extranjeros, sufren persecución. En 2015, dos asesinatos en masa de cristianos de otros países en Libia que habían sido previamente secuestrados causaron terror entre los creyentes. Muchos volvieron a sus países de origen. Debido a la debilidad del Gobierno central, un alto número de grupos armados, religiosos y no religiosos, actúan a lo largo y ancho del país con total impunidad. Estos grupos suelen apuntar a los más vulnerables, entre los que se sitúan los cristianos. Su presencia en el país ha creado una cultura del terror que ha limitado mucho la libertad de los cristianos.

Los creyentes de trasfondo musulmán en Libia se ven sometidos a persecución en todas las facetas de su vida si deciden hacer pública su fe o son descubiertos. En la esfera privada han de vivir el rechazo de su familia en una sociedad profundamente conservadora. Dada la presión ejercida por la intolerancia de la sociedad y de sus propios familiares, los cristianos libios apenas se atreven a informar a otros acerca de su fe. Muchos de ellos están actualmente considerando abandonar Libia.

Durante el mandato de Gadafi, la principal fuente de la persecución era el propio Gobierno y sus servicios secretos. Ahora, el islamismo radical personificado en el Estado Islámico y los salafistas, son los responsables de la mayor parte de la presión y violencia que sufren los cristianos. Otras causas comunes de la persecución son también la familia y las bandas criminales.

La vida normal de iglesia es casi imposible para los libios y los extranjeros no se libran de otros riesgos importantes para su seguridad al practicar su fe. Importar literatura cristiana y biblias en árabe continúa siendo una práctica totalmente prohibida. Las personas que guardan o pasan recursos cristianos en árabe lo hacen con mucho temor. Esto es un factor más que afecta al crecimiento de la Iglesia local en Libia. El proselitismo a musulmanes y cualquier actividad misionera está terminantemente prohibido en el país.

En 2015 se sucedieron tres incidentes importantes relacionados con la persecución y en todos ellos se repitió la misma historia: secuestro y asesinato de cristianos extranjeros. El 15 de febrero, un grupo de 20 egipcios coptos y un ghanés fueron asesinados por yihadistas afiliados al Estado Islámico. En abril, de nuevo 79 emigrantes etíopes y eritreos fueron raptados y más de treinta murieron de una forma cruel. Por último, en junio de 2015, 86 eritreos (algunas fuentes hablan de 88), que huían de la represión política en su país de origen, fueron secuestrados por el Estado Islámico en Libia. Aunque fueron los incidentes más sonados, no fueron los únicos de este tipo. 

Perspectivas de futuro

Humanamente hablando, la prevalencia de los grupos armados locales incluyendo las milicias salafistas, añadido a la debilidad del Gobierno central,  hacen que los cristianos no puedan esperar una mejoría de su situación. La impunidad generalizada ante los crímenes cometidos contra los cristianos parece que continuará igual. Loa acontecimientos violentos cometidos contra los cristianos extranjeros muestran claramente la fuerza y visibilidad de los grupos radicales islámicos, entre ellos el Estado Islámico, en un país que se hunde en el caos y la ausencia de la ley. Los africanos subsaharianos componen el grupo más grande de cristianos  y seguirán viéndose en peligro, sintiéndose el objetivo de ataques de índole religiosa por grupos locales y por libios que buscan un chivo expiatorio a sus frustraciones.

Hoy en día, los árabes libios suponen uno de los grupos menos alcanzados por el Evangelio en el mundo. El evangelismo y la obra misionera está totalmente prohibida en el país. Parece obvio que Libia y las personas viviendo ahí necesiten nuestras oraciones.