Un Tribunal condenó a principios de este mes al pastor Sithon Thippavong, de 35 años, por "perturbar la unidad" y "crear desorden". Se le impuso una pena de un año de prisión y una multa de 4 millones de kip (420 euros), pero fue liberado tres días después por el año que había pasado en prisión preventiva.

El líder de la iglesia, que comenzó su ministerio entre los aldeanos de la provincia sureña de Savannakhet en 2011, fue detenido el 15 de marzo del año pasado por celebrar servicios religiosos sin permiso del gobierno.

Los cristianos locales dijeron a Radio Free Asia que estaban muy contentos por la liberación del pastor. "Estamos muy emocionados de que siga vivo y de que finalmente haya sido salvado por Dios. Puede que haya estado enfermo y frágil en la cárcel, pero ahora estará muy contento de poder volver a servir a Dios", dijo uno de ellos.

Fuentes locales, sin embargo, dijeron a Puertas Abiertas que a Sithon se le hizo firmar un documento antes de su liberación en el que se comprometía a no predicar ni organizar otras actividades cristianas hasta marzo de 2022. Al parecer, también tuvo que pagar una multa más en concepto de tasas judiciales y gastos de cárcel para ser liberado.


Reuniones ilegales

El Departamento de Estado de Estados Unidos señaló en un informe publicado recientemente "importantes problemas de derechos humanos" en Laos, como las restricciones a la libertad de expresión, asociación y religión.

El gobierno comunista de Laos vigila intensamente las actividades cristianas. "Como todas las reuniones tienen que ser notificadas a la administración, las iglesias domésticas tienen que operar clandestinamente, ya que se consideran 'reuniones ilegales'. Incluso el 75% de todas las congregaciones de la Iglesia Evangélica de Laos aprobadas por el gobierno en todo el país no tienen estructuras eclesiásticas permanentes y, en consecuencia, llevan a cabo los servicios de culto en los hogares", según el informe del país de Puertas Abiertas sobre Laos.

Aunque una Ley de 2019 sobre la Iglesia Evangélica otorga a los cristianos de Laos el derecho a reunirse para el culto y la oración, la aplicación de la ley en las zonas rurales es un desafío, según Thomas Muller, analista de Puertas Abiertas. "Los líderes de las aldeas y los dirigentes religiosos y animistas consideran que los cristianos, los conversos en particular, enfurecen a los espíritus y traen problemas a la comunidad", dijo.

Un cristiano del norte de Laos, que deseaba permanecer en el anonimato por razones de seguridad, dijo a Puertas Abiertas que él y su esposa habían sido objeto de ataques por parte de los habitantes de su pueblo debido a su fe. Les obligaron a abandonar su pueblo, envenenaron sus cerdos, incendiaron su granja de arroz y sus hijos fueron discriminados en la escuela.

En octubre del año pasado, siete cristianos fueron desalojados de sus hogares en el sur de la provincia de Saravan a causa de su fe, y al regresar al pueblo no se les permitió reconstruir sus casas demolidas.