Todos los años, el 9 de junio, las comunidades cristianas, budistas e hindúes de Bangladés conmemoran el aniversario de la enmienda constitucional de 1988 que convirtió al islam en la religión estatal del país, y piden su retirada. 

«Con la enmienda, se plantó la semilla de la política sectaria», dijo a AsiaNews el presidente católico del Consejo de Unidad Cristiana Hindú Budista de Bangladés, Nirmol Rozario.

«En un país donde también viven hindúes, budistas y cristianos, una sola religión no puede ser la religión del Estado. Nos oponemos a ello».

Desde principios de este año, los colaboradores locales de Puertas Abiertas, han recibido informes que indican que la presión está aumentando sobre los cristianos convertidos de otras religiones.

El 11 de mayo, un grupo de aldeanos musulmanes atacó a 12 familias cristianas que se habían convertido del hinduismo en el norte de Bangladés. Una mujer embarazada perdió a su bebé tras recibir una patada en el estómago.

Una semana después, el 19 de mayo, también en el norte de Bangladés, 10 familias cristianas de origen musulmán fueron confinadas en una mezquita local y obligadas a renunciar a su nueva fe.

«Las minorías religiosas suelen ser perseguidas por el grupo mayoritario», declaró el secretario general del Consejo de Unidad, Rana Dasgupta. «Por nuestra seguridad, exigimos firmemente un ministerio de minorías y una comisión para las comunidades religiosas».

Graves problemas

Tras una sangrienta guerra, Bangladés surgió como estado laico en 1971. Una enmienda constitucional de 1988 estableció el Islam como religión del estado.

«Bangladés es un país laico, pero su religión estatal es el Islam. Esto es una clara contradicción», dijo Rozario. «Si este estado de cosas continúa, el extremismo islámico y el comunalismo, acabarán creando graves problemas».

El informe del país de Bangladés de 2021, elaborado por Puertas Abiertas, muestra cómo el extremismo religioso y la lealtad a la tribu y a la religión, ya están aumentando la presión sobre los cristianos en Bangladés. En comparación con 2020, el país pasó del puesto 38 al 31 en la Lista Mundial de la Persecución de Puertas Abiertas.

«La presión es más fuerte en las esferas comunitaria y privada, donde los conversos se ven particularmente afectados», dice el informe. Los que deciden seguir a Jesús pueden esperar la oposición de sus amigos, su familia y su tribu.

En cuanto a los conversos entre los refugiados Rohingya (de mayoría musulmana) que huyeron de Myanmar en 2017, son doblemente vulnerables. Su origen étnico les hace ser «no deseados» en su país de origen y su fe les ha expuesto a ataques violentos de grupos islámicos radicales en los campos de refugiados.