Mi nombre es Somaye y tengo 40 años de edad. Escuché por primera vez el mensaje del Evangelio hace más de quince años. Fui a la iglesia varias veces con mis amigos, pero fue sólo por diversión. Fue sólo después de que mi hermano se convirtiese en creyente y asistimos juntos a la iglesia que mi corazón fue tocado y también me convertí en una creyente. Eso fue hace ocho años.

Hoy, una de mis amigas me preguntó si yo había tenido dificultades al ser una mujer cristiana en Irán. Cuando pensé en su pregunta, me dolíó el corazón.

Estoy casada y tengo dos hijos. Mi marido no es creyente, y la mayoría de mis problemas son el resultado directo de nuestras diferencias religiosas. Sé que muchas otras mujeres iraníes cristianas se han encontrado en la misma situación.

Yo no tengo la libertad de asistir a la iglesia cuando quiero. A pesar del hecho de que mi marido no es un musulmán muy religioso, me impide asistir regularmente a las reuniones de la iglesia. La iglesia está lejos de donde vivimos y las reuniones se llevan a cabo en las noches. Cuando la reunión ha terminado por lo general es oscuro afuera. Esto es un problema para mi marido, por lo que sólo me permite ir a las reuniones una o dos veces al mes.

Durante el mes de Muharram, el primer mes del año islámico, mi marido no me deja ir a la iglesia en absoluto. Dice que asistir a la iglesia durante este mes es un pecado mayor que en otros meses. A menudo nos peleamos por esto. También durante este mes, mi marido escucha y lee el Corán constantemente mientras está en casa. Es difícil para mí tolerar eso. Él trata de cumplir con todas sus obligaciones religiosas en aquel mes.

Otro problema con el que cada mujer cristiana con un marido no creyente tiene que lidiar es la crianza de sus hijos. Sin duda, a una madre creyente le gustaría criar a sus hijos de acuerdo a la Palabra de Dios y quiere que sus hijos aprendan de la Biblia también. Por desgracia, esto es difícil en Irán porque nuestros niños no están oficialmente reconocidos como cristianos. Sólo los niños de familias étnicas cristianos pueden registrarse como cristianos. Nuestros hijos tienen que leer y pasar las lecciones de religión islámica en la escuela. Criar a los hijos como cristianos en una sociedad donde los sistemas de religión y de educación son completamente opuestos a la Palabra de Dios es extremadamente difícil.

El tener un marido no cristiano es aún más difícil para mí. Cuando mis hijos eran pequeños y mi marido estaba en el trabajo, les leía la Palabra de Dios a ellos y les contaba que Jesús es su Señor y Salvador. También les enseñaba canciones cristianas. Pero cuando mi marido volvía del trabajo y los niños cantaban las canciones que les había enseñado, le decía que continuasen con sus textos islámicos y les decía que, según el Islam, Jesús era un solo un profeta y no Dios. Les dijo que el cristianismo era una religión incompleta y que la Biblia estaba distorsionada. También les dijo que Jesús había prometido que un profeta vendría después de él -el profeta Mahoma.

Cuando mi hija estuvo enferma, la llevé a una reunión de la iglesia para recibir oración por sanidad. Cuando mi marido se enteró de ello, no estaba muy feliz que digamos. La llevó a un santuario islámico al día siguiente. Pasaron todo el día allí, aunque mi marido normalmente nunca visitaba santuarios. Para mis hijos, estas dos creencias de sus padres les resulta algo confuso. De hecho, les ha causado que tengan dificultades en la toma de decisiones en otras áreas de sus vidas.

He puesto a mis hijos en las Manos de Dios y oro para que El toque sus corazones.