Este último verano, el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan anunció que la Hagia Sophia (antigua catedral de Santa Sofía) en Estambul se iba a convertir en una mezquita. La antigua iglesia, construida en el siglo VI, convertida en una mezquita en el siglo XV, y en un museo en 1935, se abrió el 24 de julio para que los musulmanes fuesen a rezar. Un mes después, también se transformó en una mezquita el museo del que formaba parte la histórica Iglesia de San Salvador de Cora.

La decisión causó un revuelo internacional, pero la respuesta de los cristianos en Turquía fue mucho más silenciosa.

Yetvart Danzikyan, redactor jefe del diario armenio Agos (redactado en Estambul), comentó que “hay un ambiente islamista y nacionalista que es incómodo para los cristianos en Turquía”.

Es cierto que el discurso de Erdogan parece amenazante para los cristianos en Turquía y sus alrededores, pero hay pruebas que sugieren que las jóvenes generaciones no creen en un populismo tan nacionalista e islamista,” declaró Michael Bosch, analista de persecución de Puertas Abiertas.

Bosch indica que, teniendo esto en cuenta, se puede ver una relación entre la reconversión de ambos museos y la necesidad que tiene Erdoğan de apoyo popular. “La economía se ha visto muy afectada por la pandemia del Covid-19 y está al mando de dos campañas militares en Siria y Libia. En este contexto, el elemento nacionalista, mostrando al mundo que Turquía es una nación poderosa que se atreve a enfrentarse al Occidente Cristiano, es probablemente igual de importante que el aspecto religioso,” añadió.

Mientras tanto, muchos evangélicos extranjeros en Turquía han tenido que abandonar el país a la fuerza. Desde enero de 2019, cerca de sesenta extranjeros que trabajan en Turquía como pastores o líderes de comunidades cristianas han tenido que regresar a sus lugares de origen, según ha comunicado la Asociación de Iglesias protestantes a International LaCroix.

Cualquiera que apela su caso recibe la misma respuesta, según nos informa un abogado que trabaja con minorías religiosas. “Sistemáticamente recibimos una denegación: la misma respuesta dice que esas personas suponen una amenaza para la seguridad nacional, que Turquía es un país soberano y que por lo tanto tiene el derecho a afirmar o denegar los permisos de residencia”, comentó a las medios de comunicación católicos.

En el informe anual de 2020, la Comisión de los Estados Unidos de Derechos Religiosos Internacionales sugirió que Turquía debía integrarse en la lista especial de observación del Departamento de los Estados Unidos sobre países que se involucran o toleran la violación de los diferentes derechos religiosos.

La Comisión, que es un órgano consultivo del Departamento Estatal y del Congreso estadounidense, dijo que eran “preocupantes” a nivel territorial e internacional “la perpetuación de políticas gubernamentales restrictivas e intrusivas sobre prácticas religiosas y el fuerte crecimiento de incidentes de vandalismo y violencia social contra las minorías religiosas”. Turquía es el primer país de la OTAN en ser incluido en esta lista.