La carretera que lleva a la iglesia de Sion y sus alrededores estaba fuertemente vigilada, con personal policial y militar vigilando cuidadosamente. Como la reconstrucción de la iglesia se detuvo a medias, el servicio conmemorativo tuvo lugar en una iglesia sin paredes, y el sonido de los cantos se extendió hasta la calle mientras ofrecían sus alabanzas a Dios y depositaban su dolor ante Él. Dentro de la iglesia, el sonido de los suspiros y del llanto se mezclaba con el de sus voces. Era la primera vez que la gente adoraba junta en la iglesia donde había tenido lugar la explosión desde el atentado.

Los alumnos y profesores de la Escuela Dominical, todos vestidos de blanco, cantaron "He decidido seguir a Jesús" en tamil e inglés, recordando a sus amigos y familiares. Los creyentes rodearon con sus brazos a los que lloraban, abrazándolos y orando por ellos. No era sólo una imagen de dolor y angustia, sino también de amor y apoyo.

"Ese domingo, los profesores de la escuela dominical enseñaron a los niños sobre la muerte y sobre la vida que tenemos más allá de la muerte, y prepararon a los alumnos", recordó el pastor Roshan Mahesan a los creyentes. "Todos los profesores impusieron sus manos sobre cada uno de los alumnos y oraron fervientemente por ellos. Ninguno de ellos sabía que sus vidas les serían arrebatadas un momento después, pero todos estaban preparados. Qué bendición es haber tenido ese tipo de preparación de antemano".

"También debemos recordar a todos los que quedaron discapacitadas y que todavía están lidiando con los efectos de ese incidente", recordó. "Sólo Dios puede darles consuelo".

Precisamente a las 9:02 de la mañana, el pastor Roshan hizo una pausa. Esa era la hora exacta en que el terrorista suicida había detonado su mochila. Los miembros de la familia lloraron -una señora incluso se derrumbó- mientras el pastor Roshan leía la lista de nombres de los que habían perdido la vida. Al salir de la iglesia después del servicio, los familiares lloraron al pasar por la librería de la iglesia donde habían muerto sus seres queridos. Pero hubo otros tantos creyentes que corrieron a su lado, abrazándolos, llorando con ellos y consolándolos.

"Gracias por estar aquí con nosotros hoy", agradecieron.