Estos jóvenes voluntarios respondieron a una llamada por parte de la Comisión Nacional Joven, la cual invitó a la juventud de Myanmar a ser parte de la plataforma de ayuda que está enfrentando la crisis del Covid-19 en el país.

Desde entonces al menos 12 jóvenes cristianos se han unido a esta iniciativa, algunos de ellos dejando sus trabajos para poder formar parte de ella.

Los responsables del hospital de Okklapa, en el cual trabajarán los voluntarios, esperan que estos cristianos “puedan inspirar a otros a dar de su tiempo, su energía y servicio por el bien común”.

Puertas Abiertas, a través sus los colaboradores locales, ha podido distribuir comida y otras ayudas de emergencia a 4200 familias que han sido afectadas por el Covid-19 y los efectos del confinamiento.

Myanmar es un país devastado por los efectos de conflictos internos que se han extendido durante décadas, en la que se denomina como la “guerra civil más larga del mundo”. Los enfrentamientos entre diferentes grupos étnicos y el ejército ocurren de forma regular en el noreste de Mianmar, donde viven una gran cantidad de cristianos.

En 2017 los musulmanes Rohingya fueron expulsados del estado de Rakhine, en lo que la Corte Internacional de Justicia ha definido como un “genocidio” por parte de Mayanmar.