El terreno en el que estaba situada esta iglesia fue un regalo, donado por un miembro de la congregación que quería que se construyera una iglesia en su terreno. Pero dos años después, en 2013, un demandante «reclamó la propiedad» del terreno y lo vendió sin que el donante lo supiera. El demandante quemó entonces la iglesia para entregar el terreno al comprador inmediatamente.

Los líderes de la iglesia se enfurecieron y quisieron actuar contra el demandante, pero dudaron al ser este hombre de una familia prominente. En vez de eso, volvieron al lugar del incendio y trataron de rescatar todos los materiales que pudieran. Se recuperaron algunos materiales, pero la mayoría se hicieron cenizas.

Unos tres meses más tarde, algunos miembros de la iglesia descubrieron que los pirómanos que quemaron la iglesia habían sido asesinados por su propia familia. Hubo una disputa dentro de la familia sobre quién se quedaría con las acciones de pago de las tierras que vendieron, y esto terminó en un tiroteo en el que los incendiarios murieron a tiros.

Desde este incidente, la iglesia ha estado luchando por reunirse físicamente. Se han dado cuenta de que las iglesias en casa son mucho más seguras, y desde hace tiempo se reúnen semanalmente en varios hogares. El trauma de la posible repetición del incendio de la iglesia ha frenado a la congregación a la hora de construir una nueva iglesia, aunque es algo que anhelan.

En la actualidad, la iglesia no es propietaria del terreno, ya que fue vendido al comprador. No hicieron nada entonces y no hacen nada ahora para reclamarlo pues se han dado cuenta de que no pueden hacer nada al respecto.

En su lugar, se han centrado en la propia gente, siendo sal y luz allí donde se encuentran. Jona*, líder de una de las muchas iglesias en casa, dijo: «La congregación sigue creciendo. Han seguido compartiendo el evangelio con sus vecinos de la comunidad. Sin embargo, cuando comparten el evangelio con sus vecinos musulmanes, reciben una reacción diferente. Los vecinos los evitaban, pero seguimos siendo una bendición para ellos».

La iglesia ha crecido considerablemente desde 2013, pasando de cinco familias a las actuales veinte. El año pasado se añadieron tres familias más a la familia de la iglesia. Como resultado, el pastor de la iglesia tiene la intención de construir una iglesia que pueda albergar a la creciente familia de la iglesia en esa comunidad, pero también es consciente de la potencial persecución que puede ocurrir al hacerlo. Ha aconsejado y está preparando a su congregación para que esté preparada para todo. Jona dijo: «Lo ponemos todo en manos de Dios».