El Secretario de Estado de los Estados Unidos, declaró mediante una rueda de prensa la semana pasada, que esperaba que Sudán fuera eliminada de la lista de infractores en las próximas semanas. Las conversaciones entre ambos países han tenido como un fruto un acuerdo en forma de compensación a las víctimas de los ataques terroristas a las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania de 1998. Sudán proveyó de apoyo técnico y financiero a una Al-Qaeda entonces liderada por Osama Bin Laden.

Estados Unidos habría pedido a Sudán la eliminación de cualquier tipo de lazos con el Régimen Norcoreano y cualquier otro país que estuviera en la “lista negra” de países que apoyan el terrorismo.

Sudán ha estado durante años luchando para que Estados Unidos retirar al país de la lista de estados que apoyan el terrorismo, algo que, según las autoridades del país, ha tenido un efecto en su economía y desarrollo.

Sin embargo, algunos expertos han advertido al gobierno de los Estados Unidos de que es mejor no tener excesiva rapidez a la hora de formalizar las relaciones con Sudán, un proceso que comenzó con el mandato de Omar al-Bashir y que ha continuado bajo el nuevo gobierno de transición.

Este nuevo gobierno ha mostrado interés a la hora de traer cambios fundamentales y de proteger a las religiones minoritarias, incluyendo los cristianos, pero es necesario mucho más que eso, según comenta Jo Newhouse, portavoz de Puertas Abiertas en el África Subsahariana.

Durante años, Sudán ha estado entre los 10 primeros países de la Lista Mundial de la Persecución, que clasifica los 50 primeros países donde es más peligroso ser cristiano.

“La Administración de los Estados Unidos, debería mantener a Sudán en la lista de países que apoyan el terrorismo hasta que el país mostrara cambios y reformas fundamentales además de un desarrollo significativo en el área de la libertad religiosa y los derechos humanos. Si no se hace esto, puede que se pierda la oportunidad que se tiene de que estos acuerdos verbales se hagan realidad algún día”, comenta Jo Newhouse.

El pasado 20 de junio, un cristiano del sur de Sudán fue asesinado y otros cuatro fueron heridos por un grupo de jóvenes musulmanes que los atacaron al grito de “Allah Akbar” (Dios es grande). Este asalto es el último incidente de una serie de ataques sufridos por los cristianos de esta zona del país.

Mientras tanto la comunidad internacional ha recaudado 1.8 billones de dólares para ayudar a Sudán en su transición democrática a la vez que se enfrenta a una crisis económica de consecuencias catastróficas provocada por el Covid-19.