Mohamed el Badi, cristiano marroquí, fue encarcelado por evangelizar. Ha sido puesto en libertad después de cumplir un mes de condena.

Mohamed El Baldi, de 34 años, de la ciudad de Aïn Aïcha, cerca de Fes, fue sentenciado a dos años y medio de cárcel, y obligado a pagar 5000 dinares (440 euros) por "hacer tambalear la fe de un musulmán".

El Baldi fue informado de su liberación durante una breve comparecencia ante el tribunal de apelación en Fes, el 26 de septiembre.

La Asociación de Marruecos de la Defensa   de Derechos Humanos (AMDH) está encantada con esta liberación "inesperada" y su juicio para la apelación tiene fecha para el 10 de octubre. La asociación comprende que cualquier liberación formal depende del resultado de esa fecha.

Mohamed Oulad Ayad, presidente de la AMDH de Fes, le comentó a World Watch Monitor en una entrevista telefónica: "La presión nacional e internacional por fin ha hecho efecto. El procedimiento que llevó a esta detención estaba lleno de irregularidades. Además, los denunciantes no estaban presentes durante el juicio". 

El Baldi fue arrestado después de que su casa fuera inspeccionada el 28 de agosto, donde además se le confiscó pertenencias relacionadas con su fe, como su biblia. Fue arrestado y sentenciado en poco menos de una semana.   

Su familia apeló la sentencia, con la ayuda de abogados y de organizaciones de defensa de derechos humanos.

La dura sentencia de 30 meses de prisión causó una fuerte movilización a nivel mundial. Se llevó a cabo una petición de firmas en la red, en la que se rogaba al rey Mohamed VI que se liberara a El Baldi. 

AMDH también denunció el trato "denigrante" y "humillante" que recibió cuando fue detenido por las fuerzas de seguridad, atando sus manos innecesariamente. También fue maltratado en la cárcel.

"Desde el primer día de su encarcelamiento el joven fue golpeado por sus compañeros de cárcel a causa de su fe" informa Ayad. "¿Quién les informó de que se había convertido al cristianismo?".

Su familia, tampoco se libró. En su aldea de Aïn Aïcha, fueron discriminados por los vecinos, según informa AMDH.   

"Viven aislados y unas pocas personas se les acerca. Esta es otra forma de "violación" que muestra que la sociedad marroquí no respeta otras religiones",  añadió Ayad.

"Esto muestra otro problema que amenaza a la sociedad marroquí. Estamos presenciando el auge de una cultura intolerante transmitida por los islamistas".

El presidente de AMDH in Fes, urge a las autoridades que se tomen en serio su responsabilidad de proteger los derechos de todos los marroquíes. "Aconsejo la separación de la religión de la política como forma de luchar contra la creciente intolerancia del país" dice el presidente.

Desde 2011, el gobierno marroquí está en poder del Partido Islamista Moderado para la Justicia y la Democracia (PJD). Llegó al poder  en las elecciones parlamentarias tras un referéndum para la renovación de la constitución, con la que el rey proponía calmar las protestas de la Primavera Árabe. 

Marruecos es una monarquía de casi 33 millones de personas y el islam se considera la religión oficial del reino. El rey Mohammed VI ostenta el título de "Príncipe de los Creyentes".

Cualquier intento de convertir a un musulmán es ilegal. Según el artículo 220 del código penal, cualquier intento de detener a una o más personas de practicar sus creencias religiosas o de atender a los servicios religiosos es ilegal y será castigado con una pena de tres a seis meses de cárcel y con una multa de 300 a 500 dinares.

El artículo también se aplicará a cualquiera que haga tambalear la fe de un musulmán para convertirse a otra religión.

El 16 de abril, el Consejo Supremo de Ulemas del gobierno, la autoridad religiosa principal de Marruecos, publicó una fatwa (o ley) en el diario Akhbar al-Youm en árabe, en el que declaraban que cualquier musulmán que rechazara su fe, debería ser "condenado a muerte". La publicación de esta fatwa ha levantado dudas sobre los posibles resultados, sobre todo entre los cristianos conversos.

Marruecos es el número 39 en la Lista de Persecución Mundial de Puertas Abiertas Internacional, en la que se muestra los países con más dificultad para practicar la fe cristiana.