Durante esta semana los cristianos malayos han sufrido mucha tensión, pues se decidía si podrían practicar su fe sin la interferencia del estado o sin la provocación de los militantes islamistas, ya que se han presentado tres casos relacionados con la libertad de religión.

Es muy importante que el sistema legal confirme el derecho constitucional que garantiza la libertad de religión.

Los cristianos malayos soportaron ataques constantes contra su fe durante el año pasado. Hubieron insultos, como la pancarta que decía: Jesucristo es el hijo de Alá, situada en la valla de una iglesia en la famosa isla de Penang . Hubieron amenazas, incluso lanzaron una bomba de petróleo a una iglesia, y la confiscación de biblias. También se dio el ensañamiento contra el Reverendo Lawrence Andrew, el editor de periódico católico, por expresar públicamente que seguiría usando la palabra Alá para referirse a Dios cuando fuera apropiado, a pesar de que quemaran una efigie suya, hubiera protestas delante de su iglesia y fuera acusado de sedición.

La orden gubernamental que permite que solo los musulmanes usen la palabra "Alá", es irritante para los cristianos de la Malasia multirracial, nación que fue tolerante de todas las creencias. Los indígenas Saba y Sarawak, que constituyen el 70 por ciento de la población cristiana, han usado esta palabra en su vocabulario teológico, -tanto en la alabanza en su lengua natal, o en la biblia escrita en malayo, el Alkitab-, durante más de 100 años.

Aun así, el gobierno, los sultanes y los grupos financiados por el gobierno dictan que "Alá" pertenece exclusivamente a los malayos musulmanes, a pesar de la extensa crítica recibida por parte de académicos musulmanes de todo el mundo.

Ante este escenario de temor y represión, el Tribunal Federal –el órgano judicial supremo del país– atendió una apelación el 5 de marzo del periódico el Heraldo Católico para que revocara la decisión de otro tribunal que aprobó la prohibición del uso de la palabra "Alá".

La controversia, que empezó en 2006 cuando el gobierno prohibió que el Heraldo usara la palabra, ha provocado más actos violentos contra los cristianos y ha debilitado la armonía religiosa. La Iglesia Católica apeló este caso y la Corte Suprema restauró su derecho constitucional a usar la palabra en 2009. El gobierno apeló esta decisión y en octubre de 2013, un tribunal formado por tres hombres decidió que solo los musulmanes malayos tienen el derecho exclusivo de usar la palabra "Alá", palabra que precede el nacimiento del Islam.

El 7 de marzo, el Tribunal Federal formado por siete miembros, después de escuchar la apelación de los abogados del Heraldo, se reservó la resolución por lo que todavía se desconoce si se procederá a escuchar la apelación o si será rechazada.

Los abogados presentaron varias preguntas, que cubrían los poderes ministeriales y temas constitucionales como la libertad de expresión y religión. También desafiaron el poder del Tribunal de Apelación para decidir si que la palabra "Alá" no es integral para la fe y la práctica cristiana.

El estado le pide al tribunal que rechace la apelación, alegando que el uso de la palabra por parte de los cristianos afectaría a la seguridad nacional, porque traería confusión a los musulmanes malayos, aunque el Heraldo llevaba usando esta palabra durante 14 años, se le prohibió seguir haciéndolo en 2006; Hasta entonces no había habido ningún tipo de problema.

Jason Abbot, director del Centro de la Democracia de Asia de la Universidad de Louisville, en Estados Unidos, compartió el 4 de marzo en su blog que la el tema de la palabra "Alá" está siendo alimentado por el partido gobernante malayo, Organización Nacional de los Malayos Unidos, partido que ha ido perdiendo el apoyo de la gran cantidad de chinos e indios que contestan a encuestas, para reforzar su apoyo a las etnias malayas. El ONMU se enfrenta en dos semanas a la oposición en unas elecciones en el estado Selangor

"Una decisión en este tema, fuese la que fuese tendría consecuencias negativas para el ONMU en esas elección, así que no debemos pensar que esta delación sea sorprendente ya que hasta el analista más independiente sabe que el sistema judicial de Malasia no es un árbitro imparcial," escribió Abbott.

Los abogados de la iglesia acogieron bien la decisión de designar a un grupo de siete jueces, compuesto por los oficiales más altos, incluido el juez jefe de Sabah y Sarawak, para deliberar la solicitud. Es la primera vez que se haya unido semejante tribunal para escuchar un caso civil.

Antes de comenzar, el presidente del Consejo de Abogacía de Malasia, Christopher Leong, reiteró un mensaje del Presidente Najib Abdul Razak con el que se pedía que no atendieran a elementos extremistas en Malasia que intentan destruir la armonía entre las diferentes razas.

"No debemos darle lugar a los acosadores, a los fanáticos y a los racistas," dijo Leon. "Los temas de étnicas y tensiones religiosas es demasiado serio como para convertirlos en juegos políticos de exclusividad". Pidió a todos los malayos que siguieran el llamado del presidente para trabajar juntos por una Malasia más cohesiva y unida.

El veterano líder de la oposición Lim Kit Siang también hizo un llamado a los malayos para "aislar el extremismo y a los traidores que desean crear caos provocando al odio racial, y religioso para atraer conflictos y tensiones."

Los llamados a la calma y la razón no tuvieron efecto en los musulmanes extremista que se manifestaron ante el Palacio de Justicia donde se celebraba el juicio, en la capital de Putra Jaya. La multitud gritaba y chillaba, e intentó saltar la barrera policial para entrar en el edificio.

En cambio, un grupo liderado por Marina Mahathir, hija del antiguo presidente Mahathir Mohamad, entregaban flores y globos en un centro comercial en la capital, Kuala Lumpur. Tenía pancartas que decían "Dios es uno" y "todos responderemos ante Alá."

"Queremos hacer contrapunto a todas las caras feas que están ante los juzgados," dijo Mahathir al Malasyan Insider, un portal de noticias de internet. "Puede empujar 12 autobuses llenos de gente, pero nosotros no podemos; Estamos hartos de tanta fealdad y tanto odio."

"Es un sinsentido que estemos discutiendo por esto (la palabra). Tenemos mejores cosas que hacer" dijo ella.