Hay novedades en el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán, y no son precisamente positivas.

Una catedral que estaba de refugio en el territorio de Nagorno Karabakh ha sido bombardeada dos veces, mientras que aumenta la violencia en la región. La catedral de Ghazanchetsots (catedral de Cristo Salvador) en Shusha sufrió un primer ataque el 8 de octubre, del que las autoridades armenias declararon que fue un ataque de Azerbaiyán. Ninguna persona refugiada en la iglesia sufrió daños. El Ministerio de Defensa de Azerbaiyán ha negado las acusaciones.

En un segundo ataque, pocas horas después, diez personas fueron heridas, entre ellos tres periodistas, según ha comentado una fuente local a Puertas Abiertas.

Esta fuente añade que “esto puede verse como un ataque a los cristianos”. “Con unas armas tan sofisticadas como los misiles dirigidos de precisión y drones que se han utilizado hasta ahora en este conflicto, esta iglesia es demasiado grande para verlo como un daño colateral”.

El Ministerio de Defensa de Azerbaiyán dijo que su ejército “no ataca a edificios y monumentos históricos, culturales y, sobre todo, religiosos”.

Por otro lado, el sábado, día 10 de octubre, hubo misiles que cayeron sobre una zona residencial en la ciudad de Ganja en Azerbaiyán, matando siete personas.

Todo esto nos habla de una intensificación del conflicto entre estos dos países, que reclaman derechos territoriales en Nagorno Karabakh. El conflicto ya se ha cobrado, al menos, quinientas vidas, entre las que hay más de sesenta civiles. Mientras que la región es controlada por armenios mayoritariamente cristianos, a Azerbaiyán se le reconoce oficialmente como un país de mayoría musulmana. “Aunque el conflicto no es principalmente religioso, los cristianos van a sufrir una guerra sin cuartel”, informa nuestra fuente local.

Stepanakert, a unos pocos kilómetros al norte de Shusha, ha recibido también un ataque. Allí, la Catedral de la Santa Madre de Dios funciona como refugio antibombas. Un párroco comentó que “es probablemente el lugar más seguro en Stepanakert, protegido por el granito y Nuestro Señor”.

Una mujer, que sostenía a un niño de un año, decía que no sabía nada de su hermano que se unió a la lucha, pero que un amigo suyo de 23 años había muerto. No quería dejar su patria, añadió. “Esperamos que todo esto termine en unos días”. No parece que vaya a ser así.