La trabajadora social cristiana Chinimaya Blon, dirigió un orfanato para niños pobres y abandonados en el distrito de Dhankuta, al este de Nepal, durante cinco años, de 2011 a 2016, hasta que se cerró tras la negativa del gobierno a renovar su licencia. Llevó a 14 niños a la capital, Katmandú, donde el pastor Hari Tamang les ofreció refugio en el local de su iglesia.

Al cabo de nueve días, la policía hizo una redada en la iglesia y detuvo a Blon y Tamang tras acusarlos de tráfico e intento de conversión religiosa de menores. Los dos pasaron seis días en la cárcel y quedaron en libertad bajo una fianza de 50.000 rupias (alrededor de 400 €).

La acusación de tráfico de personas se retiró posteriormente, pero aún siguen luchando contra la acusación de proselitismo, un delito grave según la ley anticonversión de Nepal. Ambos acusados se enfrentan a una multa de 50.000 rupias y pena de cárcel de hasta cinco años. Cualquier extranjero declarado culpable de fomentar y promover la conversión religiosa puede ser deportado en el plazo de una semana.

La terrible experiencia de Blon y Tamang es sólo un ejemplo de cómo los cristianos son a menudo objeto de ataques y abusos en la nación del Himalaya, de mayoría hindú, por su fe y su trabajo con organizaciones benéficas.

La persecución de los cristianos se ha intensificado con la nueva legislación penal de Nepal, los Códigos Civil y Penal de 2018, que han sustituido al Código General de 165 años de antigüedad. Comprende leyes que rigen los procedimientos penales y judiciales que incluyen estrictas restricciones a la conversión religiosa.

La legislación contrasta notablemente con la Constitución de Nepal de 2015, que permite la libertad religiosa y adoptó el laicismo, la democracia y los derechos humanos como principios fundamentales.

Activistas de los derechos y los líderes cristianos creen que la ley anticonversión se diseñó específicamente para atacar a los cristianos en medio de largas campañas agresivas y acusaciones de grupos y partidos políticos hindúes radicales y nacionalistas. En 2017, dos parlamentarios afirmaron que el hinduismo en el país estaba "al borde del abismo" debido a las iglesias y misioneros cristianos, a menudo con financiación de Occidente.

La historia del cristianismo en Nepal abarca más de cinco siglos marcados por la opresión y los desafíos en medio de la turbulenta política de la nación. Hasta 2007, Nepal fue un reino hindú por dos siglos, antes que la monarquía fuera derrocada. Luego vino el gobierno comunista, seguido del gobierno nacionalista hindú. En cada periodo, el cristianismo ha sido objeto de ataques de diversa índole que incluyeron la persecución y expulsión de cristianos y misioneros.

Desde 2018, cuando se introdujo la ley anticonversión, la policía ha investigado al menos 16 casos de conversión religiosa presentados contra cristianos, por demandantes estatales y no estatales.

Los funcionarios del gobierno a menudo se ponen del lado de los grupos hindúes que presentan acusaciones infundadas contra los cristianos por conversiones religiosas ilegales.

"La mayoría de los casos denunciados referidos a la conversión religiosa, provienen de la religión cristiana", dijo Chakra Bahadur Budha, portavoz del Ministerio del Interior, a Global Press Journal.

Puertas Abiertas catalogó a Nepal como uno de los países con un alto nivel de persecución cristiana. Muchos hindúes ven la conversión al cristianismo como "una desviación de la fe de los antepasados y, por tanto, una ruptura con su cultura y su identidad nacional". Los cristianos conversos se enfrentan a una enorme presión por parte de sus familias, amigos, comunidad y funcionarios del gobierno.