Vaani* es madre soltera de dos hijas adolescentes y vive con sus padres tras separarse de su marido maltratador.

Cuando se sospechó que la madre de Vaani tenía un tumor en el estómago, la familia acudió a varios hospitales y a diferentes lugares de culto idolátrico, pero no encontraron ninguna solución.

Uno de los vecinos les sugirió que visitaran la iglesia local y que oraran, buscando la cura de su madre. Vaani y sus padres junto con sus hijas, asistieron a la iglesia, y poco a poco la madre de Vaani se curó del tumor. Al ver la sanidad, toda la familia aceptó a Cristo y se convirtieron en participantes activos en las actividades de la iglesia.

La nueva fe de Vaani no fue bien recibida por su marido. Al verla ir a la iglesia, «a mi marido no le gustaba que fuéramos a la iglesia y al principio yo y mis hijas íbamos a la iglesia en secreto o cuando él no estaba, pero para nuestra sorpresa nos seguía constantemente y estaba al tanto de nuestro paradero», cuenta Vaani.

Vaani fue golpeada severamente en varias ocasiones por no negar a Cristo y sus hijas fueron amenazadas verbalmente por su padre para que no asistieran a la iglesia. Cada día su marido borracho torturaba a la familia. Vaani sufrió muchas lesiones por los abusos de su marido. Su marido mantenía una relación extramatrimonial incluso antes de que Vaani aceptara a Cristo. Al saber lo de su marido, una Vaani desconsolada y abatida se separó de él y se llevó a sus hijas a vivir con sus padres.

Incluso cuando vivía con sus padres, su marido creaba un caos delante de su casa y las molestaba cuando iban a la iglesia. Incapaz de hacer nada, Vaani soportó todas las palizas, el dolor y los insultos.

Las condiciones de vida de Vaani no eran favorables y no le bastaba con el dinero de sus padres para llevar la casa y, al no tener estudios, no podía conseguir un trabajo adecuado. Sin una fuente de ingresos adecuada y la situación de la pandemia lo hacía aún más difícil. La iglesia local ayudó económicamente a Vaani unos pocos meses, pero la pandemia limitó los recursos.

Cuando los colaboradores de Puertas Abiertas conocieron acerca de Vaani y de sus dificultades, se acercaron y la ayudaron a montar una tienda de ropa en su casa. Con la ayuda de los colaboradores de Puertas Abiertas, Vaani pudo comprar saris y prendas de vestir y venderlas a los vecinos del barrio y ganar una cantidad decente.

A los pocos meses de empezar el negocio de ropa, Vaani consiguió un trabajo en una fábrica cercana. Vaani, muy contenta, dice: «Estoy muy agradecida a la organización por haber visto mi miserable situación y haberme ayudado a montar una tienda de ropa en mi casa y, en cuanto recibí su ayuda, Dios abrió el camino y me ofreció un trabajo en una fábrica cercana. Además, he podido hacer algunas ventas de ropa entre mis compañeros de trabajo en la fábrica».

Vaani continúa compartiendo que «hoy puedo ganar una cantidad decente de dinero y ayudar a mis padres, cubrir las necesidades de mis hijas y ahorrar una pequeña cantidad, también puedo dar mi diezmo a la iglesia que me apoyó en los momentos difíciles. No sólo he sido bendecida económicamente, sino que espiritualmente he sido capaz de acercarme a Dios y he podido comprobar que esta ayuda es un testimonio para mis vecinos y mi marido».

Incapaz de ver que Vaani prosperaba y seguía yendo a la iglesia, su marido la atacó mientras se dirigía al trabajo y le causó una herida en la cabeza y moratones en el cuerpo. Vaani curó sus heridas y se quedó en casa durante unas semanas y sus hijas se vieron afectadas por el miedo.

«Todo lo que podía hacer era orar para que nos protegiera del hombre maltratador, sabiendo que Dios nos escucharía y protegería, empecé a ir a trabajar y a asistir a la iglesia; por la gracia de Dios no tuvimos ningún encuentro con él y mis hijas a veces temen ir solas a la iglesia» cuenta Vaani cuando se le pregunta por la situación actual.

Durante la segunda ola de la pandemia, el negocio de ropa de Vaani se ralentizó, pero por otro lado pudo ir a trabajar en días alternativos debido a los protocolos de la pandemia. Vaani recuerda la promesa de Dios a través de Salmos 27:6 «Entonces mantendré mi cabeza en alto por encima de mis enemigos que me rodean. En su santuario ofreceré sacrificios con gritos de alegría, cantando y alabando al Señor».

Vaani testifica: «Dios mantuvo mi cabeza en alto y me ha rescatado de mi sufrimiento a través de una ayuda bondadosa. Anhelaba compartir mi testimonio con ustedes y estaba orando para saber cómo hacerlo, y su visita me ha ayudado a alabar su nombre y testificar cómo su ayuda me animó y abrió las puertas a muchas más bendiciones en mi vida. También alabo a Dios por el sufrimiento y el dolor que pasé, aunque es doloroso pensar en esos momentos, pero tengo la seguridad de que la mano de Dios está sobre mí en todo mi dolor».

Vaani está muy agradecida a la organización por haber sido un canal de bendición y por haber orado por ella, aunque la pandemia ha traído inquietud a muchas vidas, la vida de Vaani fue bendecida ya que pudo permitirse un trabajo. Las hijas de Vaani participan activamente en las actividades de la iglesia y cantan durante los cultos dominicales. Junto con Vaani, alabamos a Dios por su testimonio y por las formas misteriosas en que Él trabaja en las vidas de su pueblo.