Pocos secuestros han captado la atención del mundo como el de las 276 niñas de una escuela secundaria del estado de Chibok (Nigeria) en 2014. Los secuestros son, por desgracia, demasiado frecuentes en Nigeria, pero este acto atroz del grupo militante islámico Boko Haram tuvo algo que hizo que el mundo se fijara en él. Lamentablemente, 112 de las niñas -ahora jóvenes- siguen desaparecidas y en cautividad. Las que han vuelto a casa se enfrentan a menudo a la discriminación y la persecución de sus propias comunidades.

Pero para una de las niñas de Chibok, ahora es un momento de celebración. A pesar de todo lo que ha sufrido, Mary Katambi (24 años) se alegra de haberse graduado en contabilidad en la Universidad Americana de Yola, en el estado de Adamawa.

La alegría de un padre

«Sinceramente, nunca pensé que mi hija saldría de las manos de Boko Haram», dice Katambi, el padre de Mary. «Mientras veía a Mary recoger su certificado, se me caían las lágrimas. Todo lo que podía ver era la gracia y el favor de Dios. Nunca imaginé que mis hijas llegarían a estudiar en una universidad americana, porque sólo soy un campesino que intenta mantener a su familia. Pero Dios lo hizo. Hizo lo impensable e increíble».

«Hoy estoy rebosante de alegría, y esta alegría sale de lo más profundo de mi corazón», añade Saratu, la madre de Mary, que lloró de felicidad al ver a su hija graduarse. «Una vez, pensé que nunca volvería a ver a Mary. Pero las oraciones de los creyentes la han sacado del cautiverio y ahora se ha graduado en la universidad. Yesu na gode - ¡gracias Jesús! Gracias a todos los que han orado por Mary. Que Dios os bendiga».

Secuestrada en medio de la noche

Sería increíble que cualquier persona de la comunidad de Mary se graduara en la universidad, pero es especialmente sorprendente, teniendo en cuenta a lo que Mary ha sobrevivido.

En la madrugada del 15 de abril de 2014, unos 30 hombres irrumpieron en el dormitorio de la escuela y acorralaron a las niñas, diciéndoles: «Somos Boko Haram».

«Prendieron fuego a la escuela», recuerda Mary. «Nos dijeron que nos moviéramos. No sabíamos a dónde íbamos. Nos limitamos a seguir las instrucciones porque sabíamos que, si intentábamos huir, nos matarían definitivamente. Teníamos mucho miedo».

Una fuga extraordinaria

Las niñas fueron llevadas a un escondite en el bosque. Nada más llegar, Mary empezó a planear su huida. Cuando los hombres que las custodiaban estaban distraídos, discutiendo entre ellos, Mary y una chica llamada Deborah se escaparon juntas -eran alrededor de las 3 de la tarde del mismo día que se las llevaron. Caminaron durante horas, hasta que encontraron una cabaña donde una mujer Fulani les dio de beber agua e indicaciones. Tras muchas horas más de caminata, llegaron a una aldea donde el líder de la misma las recibió, y tomaron una moto-taxi.

«Viajamos en moto durante horas, pero hacia las nueve de la noche el motorista se asustó y nos abandonó en el bosque. Ya le habíamos dado todo el dinero que teníamos, así que nos dejó en el bosque. Seguimos caminando hasta que encontramos otra cabaña Fulani. Aunque no hablábamos el mismo idioma, nos dieron un lugar para dormir y prometieron indicarnos el camino a casa por la mañana».

«Nos dieron masa (comida con base de arroz) para desayunar. Luego nos mostraron el camino y nos aconsejaron que nos escondiéramos si oíamos algún ruido extraño. Pasamos por unos tres pueblos desiertos que Boko Haram había destruido. En el cuarto pueblo, alguien se ofreció a llevarnos en su moto a la casa de mi tío Ba-Lawan en Chibok», cuenta Mary.

La noticia del regreso de las niñas corrió como la pólvora. Fue agridulce, porque muchas otras seguían en cautividad. Cuando el padre de Mary la llevó a casa, su madre, Saratu, rompió a llorar de alegría, dando gracias a Dios por su regreso a salvo.

Permanecer junto a la comunidad de Chibok

Aunque a veces parece que las noticias del mundo han pasado de largo, los colaboradores de Puertas Abiertas siguen estando junto a la comunidad de Chibok mientras esperan el regreso de sus hijas, gracias por vuestras oraciones y apoyo.

«Quiero dar las gracias a Puertas Abiertas por estar a nuestro lado desde el principio del secuestro hasta hoy», dice Yakubu Nkeki Maina, presidente de la asociación de padres de las niñas de Chibok, que también estuvo en la fiesta de graduación de Mary. «Vuestras constantes visitas a Chibok, incluso cuando el lugar seguía siendo atacado, es algo que no puedo entender. De hecho, habéis demostrado que somos uno a través de Cristo. Gracias por estar ahí y acompañarnos a través de las oraciones, atención al trauma, el apoyo alimentario y la ayuda económica. Que Dios os bendiga».

Este es un momento de alegría para Mary y todo lo que ha conseguido, pero el padre de Mary nos recuerda que debemos seguir orando por las 112 niñas que siguen en cautividad: “Hoy estoy aquí para dar testimonio de que Dios ha respondido a las oraciones de sus hijas. Mary es un testimonio. Por favor, no dejéis de orar por las demás chicas y niñas que están en manos de los secuestradores, para que Dios los saque de allí y, algún día, vengamos a celebrar más graduaciones”.