Aproximadamente 300 personas se refugiaban en una iglesia en la localidad de Thar Yar, al este de Kayah, en la mañana del 24 de mayo, cuando el edificio fue alcanzado por artillería, dejando cuatro muertos y al menos otros cuatro heridos. Según informa The Irrawady, el propio Ejército se llevó los cuerpos sin vida de los creyentes tras realizar el ataque.

Los violentos enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas del país y los antigolpistas el pasado fin de semana obligaban a muchos residentes a huir. Dos días antes, el Ejército había llevado a cabo una redada, destruyendo una iglesia bautista en Yangon. El pastor y otros dos creyentes fueron golpeados, según declaraciones del gobierno de unidad nacional.

Según un colaborador local de Puertas Abiertas, «los soldados acusaban al hijo del pastor de haberles robado un arma. Estaban enfadados, lo persiguieron, lo arrestaron y destrozaron la iglesia

El Gobierno de unidad nacional, formado el pasado 1 de febrero en respuesta al golpe militar, está compuesto en su mayoría por miembros exiliados y ocultos. Su objetivo, dice, es representar al pueblo de Myanmar y, en medio de la indignación internacional por la violencia de las Fuerzas Armadas, oponerse a los golpistas militares, a quienes condena como organización terrorista.

A principios de abril, las tropas registraron iglesias bautistas, católicas y anglicanas en el municipio de Mohnyin, al norte de Kachin, supuestamente tras recibir avisos de actividades ilegales.

En febrero, fuerzas policiales llevaron a cabo una redada en una iglesia bautista en Lashio, una localidad al norte del Estado de Shan, arrestando al menos a diez personas, incluyendo cuatro pastores.

Tres meses tras el golpe militar, se estima que unas. 50.000 personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares debido a los violentos enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas, los antigolpistas, y grupos armados, según un informe de ACNUR. Solo en el sureste de Myanmar se calculan unos 40.000 refugiados, y unos 9.000 desplazados solamente en los Estados de Kachin y Shan, según la ONU.

Ambos Estados cuentan con un número significativo de cristianos que han sufrido los enfrentamientos entre grupos armados y el Ejército. Algunos grupos insurgentes también suelen cerrar iglesias y detener civiles, incluyendo pastores y estudiantes escuelas bíblicas.

«Apelo urgentemente a la comunidad internacional y a los gobiernos responsables a que tomen medidas de intervención inmediatas para acabar con la matanza sin sentido de civiles en Myanmar», declara el portavoz del gobierno de unidad nacional. Añade que la intervención es necesaria «para poner fin a la destrucción de iglesias y a la persecución de grupos étnicos ya oprimidos y marginados