Aunque alguna de estas cosas puede ser cierta, la verdad es que pasa por alto la gran transformación económica, social y el cultural que ha atravesado el país desde la década de 1980, según escribe Chen.

Al menos en la historia moderna, la China contemporánea es posiblemente un fenómeno único que combina el autoritarismo político con el capitalismo económico con mucho éxito”, apunta Chen. “En muchos aspectos, China es un país repleto de paradojas donde horribles violaciones de los derechos humanos coexisten con campañas gubernamentales sin precedentes para aliviar la pobreza”.

De acuerdo con Chen, “la mayoría de los chinos están a gusto con la posición de su país y hacia dónde este se dirige; y son cada vez más críticos con el Occidente. Existe evidencia significativa de un gran apoyo público al liderazgo del PCCh (Partido Comunista de China). Debido a la profunda integración de China en la globalización, es imposible que esta tendencia pueda explicarse solamente por la censura y la propaganda del PCCh”.

Un indicador del cambio radical que han atravesado China y su población, es el crecimiento retrospectiva de la popularidad de Mao Zedong, el arquitecto de la “Revolución Cultural” en la década de 1960 y 1970, en la cual murieron 1.5 millones de personas.

No tomar de estos cambios ocurridos en China provoca tanto lagunas como ironías en la comprensión occidental del país, asegura Chen. En cambio, quienes deseen comprometerse con la iglesia china deberían hacerse preguntas sobre cuáles son las dinámicas, desafíos y oportunidades para los cristianos que viven en este país tan lleno de paradojas, para así “estar mejor equipados para explorar constructivamente el futuro de la iglesia en el país”.