El 27 de noviembre, la corte constitucional dictaminó que 78 candidatos no eran elegibles para participar en las elecciones, entre los cuales estuvieron incluidos varios miembros de grupos armados. El 3 de diciembre, la corte también descalificó al expresidente Francois Bozize, quien llegó al poder en un golpe de Estado, y fue derrocado en el golpe de 2013.

La jueza Daniella Darlan dijo que la decisión se tomó “sobre el criterio de buena conducta, (porque) el candidato es objeto de una orden de arresto internacional emitida en su contra el 31 de marzo de 2014 por el Tribunal Superior de Bangui, por asesinato, arresto, secuestro, detención y tortura, secuestro, ejecuciones, judiciales y extrajudiciales”.

Había un temor considerable de que las protestas violentas pudieran estallar luego de que se anunciara esta decisión. De acuerdo con Reuters, el partido de Bozizé pidió calma y moderación entre los partidarios

Otras preocupaciones

Estas elecciones han sido las segundas desde que el país cayera en el caos tras la rebelión de Seleka, en 2013. El presidente en ejercicio, Faustin-Archange Touadéra, quiso retrasar el plebiscito debido al Covid-19, pero su plan se encontró con la oposición de los rivales y fue rechazado por el tribunal constitucional.

Otro motivo de preocupación es la violencia continua entre una plétora de grupos rebeldes en el vasto interior, pese a la existencia de un acuerdo de paz que muchos firmaron hace casi dos años. “El acuerdo (de paz) no ha tenido el impacto esperado”, dijo Hans De Marie Heungoup, analista de África Central del International Crisis Group, a New Humanitarian. “Veintidós meses después de la firma del acuerdo, (la violencia) está en un nivel similar al que estaba antes”. El personal operativo de Puertas Abiertas confirmó que la violencia ha cambiado muy poco desde la firma del acuerdo de paz, en febrero de 2019.

Un informe del Panel de Expertos de la ONU sobre la República Centroafricana, indicó que la competencia por el territorio, las oportunidades tributarias y las rivalidades étnicas estaban impulsando la violencia. “La perspectiva de elecciones representó un incentivo adicional para que los grupos armados mantuvieran y extendieran su control sobre el territorio”, recogía el informe.

Además, los informes indican que los enfrentamientos han sido alimentados por la llegada de combatientes extranjeros y armamento, principalmente de Sudán. De la misma manera, el tráfico regional de armas continuó por otras rutas.

Los informes expresaron preocupación por el aumento del lenguaje incendiario en los distintos medios, tanto en línea como impresos, los cuales a menudo son facilitados por las acciones de las redes organizadas mientras el país se preparaba para las elecciones.

Cabe destacar que la República Centroafricana sigue sumida en una crisis humanitaria. Según Reliefweb, hay más de 600.000 desplazados internos en la República Centroafricana y la misma cantidad de refugiados en la región. Se estima que 200.000 refugiados no han podido votar.

A pesar de que la violencia afecta a todos los civiles, la realidad de los cristianos también ha sido motivo de gran preocupación. A menudo, se han visto atrapados en el fuego cruzado de los diferentes grupos o, incluso, han sido castigados por su postura cristiana en medio del caos.

En el noreste, varios grupos armados, que en su momento formaron la coalición mayoritariamente musulmana Séléka, se han enfrentado a lo largo de 2020. Los civiles (muchas veces, cristianos) han sido a menudo el objetivo.

Por otro lado, los cristianos en el suroeste también suelen ser el objetivo de los anti-Balaka, a menudo etiquetados erróneamente como “cristianos”.