Catherine, atacada por un islamista radical en el Cairo.

“Es un milagro que sobreviviera”, cuenta Catherine Ramzy (de 50 años), tras ser atacada por la espalda el pasado 10 de enero, mientras iba de camino al supermercado. “Un hombre me agarró por detrás, cubrió mis ojos, levantó mi cabeza y me cortó la garganta de izquierda a derecha, mientras gritaba “Al·lahu-àkbar” (Alá es grande) y me decía que me cortaba el cuello porque llevaba la cabeza descubierta.

Milagrosamente fue capaz de liberarse por ella misma y correr. La gente que había en una cafetería cercana corrió en su ayuda, atraparon al atacante y llevaron a Catherine al hospital.

“El cirujano me dijo que el cuchillo llegó a atravesar hasta la tercera capa del cuello, cortando así varios músculos en el proceso. El arma se detuvo a pocos centímetros de la arteria carótida. Es un milagro que siga viva”, relata Catherine.

Solo unos días después de este suceso, otro cristiano copto fue asaltado en su propia tienda por un hombre con un cúter, en otro lugar de la capital. Rafiq Karam, la víctima, recibió un corte en la garganta mientras el agresor maldecía a los cristianos. Gracias a Dios, al igual que Catherine, Karam pudo sobrevivir al ataque y el perpetrador ha sido llevado a juicio.

Egipto, que se coloca el número 16 en la Lista Mundial de la Persecución de 2020, cuenta con una población de casi 16 millones y medio de cristianos, lo que equivaldría al 16.4% de la población del país. Estos cristianos deben convivir con unos 91 millones de personas que profesan la fe islámica, lo que convierte a la opresión islámica como uno de los agentes de la persecución más predominantes en el país.

Damos gracias a Dios por que ambos ataques han podido saldarse sin víctimas mortales y seguimos orando por la protección de todos nuestros hermanos cristianos de Egipto.