"Mientras haya fuerza en mí, sé que aún puedo dar", dice Lita, una anciana creyente de origen musulmán del sur de Filipinas. Forma parte de este proyecto que ayuda a las mujeres a aprender a tejer y a vender los productos que fabrican para poder mantenerse a sí mismas y a sus familias.

Cuando la pandemia llegó, Lita y las otras mujeres del proyecto estaban más que dispuestas a utilizar sus habilidades y dones para ayudar a sus hermanos y hermanas necesitados haciendo ellas mismas las mascarillas. Así, las mujeres comenzaron a aprender a hacer mascarillas en junio. Sin embargo, hacer las mascarillas era muy diferente respecto de sus tareas anteriores, y fue un reto para ellas aprender una nueva habilidad.

Lita dice: "Para mí, siendo la mayor aquí, fue difícil aprender a hacerlas. Al principio de la formación cometí muchos errores. Pero después de muchos intentos, fui capaz de crear mascarillas que eran buenas. Incluso con mi edad, todavía me presiono para hacer estas cosas porque sé que lo que hago aquí es por el Señor."

Merita comparte que hubo momentos en los que se desanimó por los errores que cometió. Ella explica: "El proceso es difícil. Pero cuando pienso en la gente que va a necesitar las mascarillas soy capaz de empujarme a mí misma a hacer más y a dar lo mejor de mí, incluso cuando es difícil de hacer."

Para las mujeres, esto no era otro proyecto más; era un camino para que usaran sus habilidades para el reino de Dios. La dificultad de aprender a coser un nuevo producto no podía compararse con la satisfacción de saber que las mascarillas que hacían ayudarían a satisfacer las necesidades de los demás.

Las mujeres fueron capaces de hacer alrededor de 1.000 mascarillas faciales que fueron distribuidas a la gente en sus comunidades. Esther, otra creyente que forma parte del proyecto, dice: "Estoy muy contenta de haber podido ayudar a la gente de la comunidad cosiendo mascarillas para ellos. Puedo imaginar la alegría que obtienen al recibir las mascarillas que necesitan".