Jakur*, un cristiano de Kirguistán, estaba en una tienda local cuando, de repente, cuatro jóvenes ebrios empezaron a golpearle, diciéndole: “Tú eres un bautista, un traidor a nuestras creencias tradicionales. Deberías ser asesinado”. Parecía que nadie podría detenerles, pero el dueño de la tienda comenzó a gritar y asustó a los asaltantes.

Sin embargo, Jakur ya había sido terriblemente golpeado y tenía diversas marcas en su cuerpo. Fue entonces que llamó a un amigo, quien era policía; este amigo pudo encontrar a los cuatro hombres caminando por la calle, y les recordó el caso de Eldos (otro creyente que también fue brutalmente golpeado) y, como todos en la ciudad, el país e incluso la región oyeron de lo sucedido y quedaron impactados por su historia.

Al oír esto, los cuatro asaltantes se asustaron mucho, e inmediatamente se arrepintieron de lo que habían hecho a Jakur. Fueron y le pidieron perdón, y le rogaron que no hiciese ninguna declaración a la policía. Otros cristianos pidieron a Jakur acudir a las autoridades, pero el se negó diciendo: “Les prometí que no lo haría. Son chicos que tendrán la edad de mi hijo, y prefiero perdonarlos a meterlos en un caso judicial”.

Por ello, Jakur solo contó esto a sus parientes cercanos. No podemos mencionar su nombre real porque él mismo no quiere ser conocido.