Rubina vivía en un pequeño pueblo del suroeste del país junto con su marido y sus dos hijas, pero ahora no tiene dónde ir.

Todo comenzó hace unos cinco meses, cuando Rubina se encontró con una pequeña iglesia en el pueblo, donde el pastor enseñaba en sus clases dominicales semanales. En esas clases se discutía abiertamente sobre la Biblia y el ministerio.

Rubina pasó por allí y se encontró absorta en la enseñanza. Quería seguir escuchando, pero no quería entrar. Así que escuchó desde fuera del edificio, junto a una ventana. Venía regularmente a escuchar la enseñanza.

Un día, el pastor se fijó en ella y se dio cuenta de que la había visto antes. Comprendió que Rubina había estado escuchando las clases dominicales desde fuera. Así que salió a presentarse a ella.

El pastor le preguntó a Rubina qué estaba haciendo fuera de la sala, a lo que ella respondió: «Me encanta la enseñanza. Así que estoy escuchando». Con una amplia sonrisa en su rostro, Rubina dijo: «Me gustaría recibir a Isa (Jesús) y se lo comunicaré a mi marido».

Para su alegría, Rubina corrió a su casa para contarle a su marido sobre este maravilloso Dios llamado Jesús y cómo había decidido seguirlo. Pero su marido no estaba muy impresionado. Se enfadó mucho y empezó a golpearla por decir tales cosas. Rubina fue fuertemente herida en varios lugares de su cuerpo.

El marido de Rubina le advirtió que no volviera a ir a esa iglesia y le impidió que siguiera escuchando esas enseñanzas, pero Rubina no pudo parar. Ella sabía que Jesús era real y quería saber más. Comenzó a salir a escondidas y a escuchar las enseñanzas en secreto. Pero la pillaron, y cada vez que ocurría, la golpeaban con otra advertencia.

Su marido también amenazó al pastor diciéndole: «Si sigues haciendo tus actividades religiosas en este pueblo, te pegaré».

En junio, el marido de Rubina se divorció verbalmente de ella (el divorcio oral es una forma islámica de divorcio en la que el cónyuge pronuncia la palabra «Talaq» tres veces y el divorcio es efectivo). A continuación, la echó de su casa con una clara advertencia de que no debía volver a entrar en ella. Rubina y su hija de 18 años, Shalma*, tuvieron que abandonar su casa. Ni siquiera los padres de Rubina quisieron apoyarla o darle cobijo.

Tanto Rubina como Shalma se están refugiando temporalmente en la casa de un creyente de la zona, que permitió que las dos se quedaran con ellos. Ella realizaba trabajos esporádicos para poder alimentarse y cubrir sus necesidades diarias, pero con el último confinamiento, encontrar trabajo se ha vuelto imposible.

Tampoco es seguro para ellas que sigan viviendo fuera de casa. Como ambas son mujeres y Shalma ya es adulta, son propensas a ser víctimas de la mala gente de su pueblo. Los demás aldeanos también tienden a contar chismes y a decir cosas malas sobre las mujeres que se quedan fuera de la protección de los hombres de sus familias.

A pesar de su descorazonadora situación, Rubina sigue aferrándose a su fe. Ha compartido las buenas noticias sobre Jesús con su hermana y ésta está mostrando respuestas muy positivas sobre su fe.

Nuestros colaboradores piden oraciones por ella y también están estudiando el modo de cómo ayudarla. Ya le hemos proporcionado algunos alimentos básicos como arroz, aceite para cocinar, jabón, dhal (legumbre) y patatas hace unos días.