Sin embargo, y aunque el gobierno de Sudán y los principales grupos rebeldes hayan podido llegar a un acuerdo de paz, aún queda mucho camino por recorrer para que todo esté bien en dicho país. Los militares que forman parte del gobierno no están de acuerdo con una declaración que promete “la separación del estado y la religión”, y en este contexto las iglesias continúan siendo atacadas.

El 14 de agosto, una edificación eclesial temporal en Jaborana, un gran barrio marginal en las afueras de la capital Jartum, fue incendiada por asaltantes desconocidos. La iglesia de la Iglesia de Cristo de Sudán ya había sido atacada anteriormente. Los asaltantes ya trataron de quemar partes del edificio en cuatro ocasiones entre diciembre de 2019 y enero de 2020. El Ministro de Asuntos Religiosos, Nasr al-Din Mufreh, prometió una investigación de los ataques, que se retrasó por las restricciones del Covid-19.

El 23 de agosto, las autoridades locales ordenaron a una iglesia - casa en la zona de El Haj Yousif de Bahri, en el norte de Jartum, que dejase de reunirse. La Iglesia Cristiana Internacional Bethel se había reunido regularmente en un edificio de la iglesia hasta que las autoridades lo derribaron en 2018. Luego se mudaron a una casa alquilada hasta el 16 de agosto, cuando les dijeron que ya no podían volver a reunirse allí. Las autoridades dijeron que era por los niveles de ruido, pero no usan altavoces y solo se reúnen una vez a la semana, el domingo por la tarde.

Situación actual del conflicto

Mientras tanto, el acuerdo de paz que el Primer Ministro de Sudán, Abdalla Hamdok, firmó con los grupos rebeldes la semana pasada ha creado un conflicto entre los civiles y los militares de su gobierno de transición. Parte del acuerdo es la promesa de libertad religiosa y que Sudán ya no se vuelva a regir por la ley islámica.

Los líderes del ejército han criticado al Primer Ministro por firmar dicho acuerdo, diciendo que se había excedido en su mandato al decidir unilateralmente sobre el tema del laicismo.

Los grupos islamistas han desafiado decisiones gubernamentales anteriores, insistiendo en que la Sharia debe permanecer en vigor y pidiendo al ejército que intervenga y "defienda la ley de Dios".

Lograr la paz con los diferentes grupos rebeldes del país y poner fin a décadas de guerra civil en Darfur y en los estados de Kordofán del Sur y del Nilo Azul ha sido una prioridad para el gobierno de transición de Sudán, que se instaló después de que el expresidente Omar al-Bashir fuera derrocado tras meses de protestas callejeras en abril de 2019.