Batyr y su familia son los únicos cristianos en la remota área montañosa donde viven. Debido a su fe, han sido rechazados por sus familiares, sus vecinos y las autoridades hasta tal punto que para Batyr era imposible encontrar un trabajo cerca de su hogar. Esta situación le obligó a buscar trabajo en otra parte y así poder sustentar económicamente a su esposa y sus cuatro hijos, uno de ellos con una discapacidad.

En el momento en el que el país aplicó el confinamiento para combatir la exposición y contagio masivo del coronavirus entre sus habitantes, la aldea en la que Batyr vive fue puesta en cuarentena. Batyr se vió obligado a dejar su trabajo debido a la imposibilidad a viajar. Cuando las autoridades repartieron comida a aquellas personas necesitadas de la aldea, Batyr y su familia fueron ignorados debido a su condición de cristianos.

Su situación de desesperación llegó a los oídos de los responsables de una iglesia en la ciudad más cercana. Estos pudieron ofrecerles alimentos y apoyo económico.

Incremento en la Opresión

Los cristianos de Uzbekistán han sufrido un incremento en la opresión debido a la crisis del COVID-19, sin embargo, la pandemia está dando a la iglesia oportunidades para llegar más lejos de donde había llegado antes, ya sea a través de cultos online donde se comparte el Evangelio de forma masiva o mediante el reparto de alimentos y material de protección.

“Es maravilloso ver como la iglesia de Asia Central está siendo una demostración de luz y esperanza durante la crisis del COVID-19. Los testimonios que escuchamos muestran a esta comunidad como una iglesia resiliente que sabe actuar en los momentos de dificultad”, nos cuenta un trabajador de Puertas Abiertas en el país.

Muchas de estas iglesias han recibido la capacitación de “Firmes en la Tormenta” ofrecida por Puertas Abiertas. Este curso los prepara para la persecución, pero las lecciones aprendidas a la hora de enfrentar el sufrimiento también son de extrema utilidad a la hora de vivir en el contexto del COVID-19.