Tres insurgentes talibanes armados irrumpieron en una casa de huéspedes en Kabul el 29 de noviembre, asesinando a tres sudafricanos y dos afganos en las instalaciones de una agencia de ayuda internacional en la capital afgana.

Werner Groenewald y sus dos hijos adolescentes fueron asesinados en la casa de huéspedes en la que vivían, en el distrito Karte Seh en la parte occidental de Kabul, junto con un empleado afgano de su pequeña organización de ayuda "Partnership in Academics and Development (PAD)” (Colaboración en Asuntos Académicos y de Desarrollo). Otro hombre afgano que estaba de visita en las instalaciones en ese momento, también fue muerto a tiros.

La Dra. Hannelie Groenewald, esposa y madre de las víctimas sudafricanas, regresó tarde a casa esa tarde de sábado, volviendo de su trabajo en una clínica, para presenciar cómo los cuerpos acribillados a balazos de sus familiares estaban siendo cargados en ambulancias. Entre ellos su hijo Jean-Pierre (17), y su hija, Rode (15).

Los asaltantes habían prendido fuego a la casa, dejándola sólo con la ropa que llevaba puesta, y destruyendo todos los documentos y otras posesiones de la familia.

Al menos siete afganos presentes en las instalaciones fueron tomados como rehenes durante la lucha de cuatro horas entre los asaltantes y las fuerzas de seguridad afganas. Otras dos personas heridas fueron alcanzadas por balas perdidas en el área del sótano. El afgano asesinado que era miembro de la EAP, y cuya identidad no se revela por motivos de seguridad, estaba casado y tenía dos hijos pequeños.

Un superviviente afgano que habría logrado esconderse detrás de unos armarios de acero dentro de las instalaciones, que servían a la vez de hogar y oficinas para el personal de PAD, dijo que los asaltantes dispararon a Groenewald en la pierna cuando entraron en el edificio.

Los insurgentes habían lanzado una granada en el portal de las instalaciones, para entrar a la fuerza en la casa de huéspedes de dos pisos. Estaban armados y vestidos con uniformes de policía, uno de los militantes estaba enfundado en un chaleco suicida.

Según dijo Hannelie Groenewald más tarde a su hermana Riana du Pleiss, en Pretoria, "Se llevaron a personas como rehenes, y luego volvieron arriba en busca de Werner. Volvieron a disparar a Werner y a los niños, que ahí murieron."

Cuando los militantes fueron finalmente acorralados por las fuerzas afganas, un asaltante hizo detonar su chaleco suicida, y los otros dos fueron muertos a tiros.

Al día siguiente del ataque a PAD, el jefe de la policía de Kabul, el general Zahir Zahir, presentó su renuncia al Ministro del Interior de Afganistán, que fue aceptada según informó la prensa local. Pero el 1 de diciembre, el portavoz de la policía de la capital dijo tanto a la "Agence France-Presse” (Agencia de Prensa de Francia) como al Canal 1 de la TV afgana, que los oficiales de seguridad se habían negado a aceptar la renuncia del general y lo habían reincorporado. En noviembre, el mismo general Zahir había sido blanco de ataques de un terrorista suicida, que consiguió entrar en sus oficinas cuando él no estaba presente y mató a su ayudante.

Kabul se ha visto sacudida por nueve ataques suicidas mortales desde mediados de noviembre, dirigidos a casas de huéspedes de extranjeros, vehículos de embajadas, tropas estadounidenses y una mujer afgana miembro del parlamento. Los renovados ataques de los talibanes han llegado apenas unas semanas antes de la retirada de las tropas de combate extranjeras de Afganistán, prevista para el 31 de diciembre.

En un mensaje de Twitter enviado por el portavoz talibán Zabiullah Mujahid, los insurgentes estrictamente islamistas que luchan por el control político de Afganistán, afirmaron que las instalaciones de PAD albergaban "un grupo clandestino de misioneros cristianos."

Pero Du Plessis refutó la acusación, según reportaron varios medios de comunicación internacionales: "Pensaron que Werner fue un misionero tratando de convertir a los musulmanes al cristianismo, pero no lo era. Werner era un trabajador de ayuda que estaba allí para elevar Afganistán. Hizo un gran trabajo."

En un mensaje publicado en su perfil de LinkedIn, Groenewald había escrito: "Yo soy un agente de cambio. Siempre que puedo, trato de influir en un cambio positivo. Encuentro una gran paz en la certeza de que he contribuido al progreso de otra persona en la vida."

Una declaración publicada el 30 de noviembre en la página web de PAD desde Redlands, California, confirmó el compromiso permanente del grupo para continuar su labor humanitaria, a pesar del "sacrificio desinteresado" de las vidas de su personal: "Honramos su compromiso con el pueblo de Afganistán... En medio de este ataque no provocado, la PAD mantiene su compromiso de ofrecer recursos educativos para los ciudadanos afganos según se convierten en parte de la comunidad internacional".

Hablando desde Pretoria, Du Plessis dijo a World Watch Monitor que ella y su familia estaban "orando fervientemente" por su hermana Hannelie, mientras ella estaba haciendo todas las complicadas gestiones con las autoridades locales de Kabul, "necesarias para ser repatriada de nuevo a Sudáfrica junto con los cuerpos lo antes posible”.

"Pedimos a la gente de todo el mundo que oren por la seguridad de todos los que trabajan en Afganistán en situaciones similares, que no haya más ataques "réplica” contra aquellos están realizando una labor humanitaria allí", dijo Du Plessis.

Groenewald fue el director local de los proyectos educativos de PAD en Afganistán. Pastor retirado de la Iglesia Reformada Holandesa, él y su familia habían vivido en Afganistán desde agosto de 2003. Al igual que otras familias de empleados de larga duración de ONGs y que conocen bien el idioma y la cultura locales, los Groenewald habían permanecido juntos, educando a sus hijos en casa a medida que crecían en Kabul.

Está previsto que los servicios fúnebres para los tres cristianos sudafricanos se celebren en la iglesia a la que pertenecía la familia, la Iglesia Reformada Holandesa en Moreleta Park.