El pasado fin de semana, los ciudadanos de Myanmar salieron a la calle para protestar contra el actual gobierno del país, expresando su apoyo a la líder encarcelada, Aung San Suu Kyi. La población se frustó después de que los militares bloquearan el acceso a internet, las redes sociales, cortaran el acceso a los teléfonos, y a los canales de televisión e impidieran las manifestaciones a favor de la democracia en los últimos días. 

Los cristianos en el país se sienten, particularmente, temorosos; pues durante este tiempo de pandemia, el internet ha sido fundamental para mantener la comunión entre los hermanos. Las pocas iglesias en el país están realizando cultos online para compartir sobre la Biblia y orar unos por los otros. Sin esta herramienta, los cristianos que ya se encuentran aislados se quedarán totalmente incomunicados.

"La tensión entre los partidarios de la democracia en Myanmar y los militares continúa existiendo. La policía permaneció en dos líneas haciendo trincheras en el camino de los manifestantes; si los manifestantes cruzaban la primera línea, la policía disparaba". La protesta se intensificará en los próximos días y el número de manifestantes aumenta cada día", comparte un colaborador de Puertas Abiertas en el lugar.

El pastor Ko Thun* compartió con los colaboradores de Puertas Abiertas la historia de la persecución de los cristianos por parte del ejército en el país.

"Cuando recuerdo la anterior junta militar, me pongo tan mal que no puedo controlar las lágrimas. Cuando aún era estudiante, recuerdo que revisaban mis documentos de identidad y los de mis amigos y nos hacían permanecer bajo la lluvia; también confiscaban nuestros libros. Una vez llevamos nuestro propio arroz para cocinar en nuestro albergue, y los soldados nos acusaron de suministrarle arroz a los grupos insurgentes y nos detuvieron", declaró.

Muchos cristianos temen que se produzcan los mismos resultados que en la revuelta de 1988, cuando los militares tomaron el control del país y murieron muchas personas. Sin embargo, los cristianos del país siguen confiando en la acción de Dios: "La semana pasada nos cortaron el Internet, pero el fin de forma milagrosa pudimos conectarnos. Es increíble cómo Dios trabaja y nos permite conectarnos, proporcionando una conexión a Internet a tiempo. El internet aquí es incierto e impredecible, puede que no esté disponible por la noche o mañana, pero tenemos un Dios que puede separar los mares y sabemos que nos abrirá un camino", comparte el colaborador de Puertas Abiertas en Myanmar.