Silvia trabaja en su ciudad natal, Aleppo, con personas desplazadas de otras partes de Siria (IDPs) que han huido a otras partes de Siria. Ella forma parte de un grupo de jóvenes sirios que comparten sobre la vida en su país, devastado por la guerra, durante un retiro de bienvenida en el vecino Líbano.

Los nombres de los participantes han sido cambiados para proteger su identidad.

A pesar de su cansancio, Silvia siente que, simplemente, no puede rechazar a los desplazados.

´´No podemos decirles que no´. Cuando llaman a nuestra puerta necesitamos escucharles; les costó mucho llegar allí. Pasa normalmente. Estamos comiendo y entonces llega otro pidiendo ayuda.´´

Silvia ha realizado el corto viaje desde su ciudad sitiada, para unirse al grupo de 40 jóvenes cristianos en las montañas del Líbano para hacer un curso sobre el liderazgo.

“La vida sigue”

Anton, otro miembro del grupo, compartió sobre cómo se acostumbró a tener una guerra a su alrededor. “Cuando vuelvo a casa y me siento a comer, a menudo oigo explosiones, pero seguimos comiendo´´, dijo ´´la vida sigue.´´

Recientemente explotó una granada en la ciudad, hiriendo a más de una docena de personas. Anton pasó por esa misma calle tan sólo 15 minutos después. ´´No podía ver nada de lo que había pasado´´, dijo. ´´Las tiendas estaban abiertas y la gente caminaba por la calle como si nada hubiera pasado.´´

Para algunos era la primera vez que habían huido desde el estallido de la guerra civil; la cual dura casi cuatro años. Se escogió Líbano porque les ofrecía un lugar seguro, cercano donde podían relajarse y estudiar.

El pastor B, líder de la iglesia, explicaba como su trabajo requiere que se traslade por toda la ciudad, buscando refugiados a los que consolar y apoyar. Pero se contuvo las lágrimas conforme explicaba que tenía que mostrarse fuerte aunque estuviese ´´totalmente cansado´´.

Todos encuentran difícil pensar en su futuro. ´´Antes de que viniéramos sólo nos marcábamos nuestros objetivos a corto plazo´´, dijo uno de ellos, ´´ningún objetivo a largo plazo.´´

Para muchos fue un tiempo de reflexión.

Samir, que había dejado a su esposa y dos niños en casa en Aleppo, encontró que disfrutaba pasando más tiempo en oración. ´´Yo no estaba acostumbrado a hacer esto´´, dijo.´´ para mí era muy importante pasar tiempo con Dios.´´

´´Habéis cambiado nuestro concepto sobre la oración´´, dijo un participante. ´´Se trata de escuchar la voz de Dios y orar nuestras propias palabras. Las lecciones nos han ayudado a acercarnos más a Dios y nos han dado esperanza.”´

El grupo también descubrió que hay modelos de liderazgo a seguir en la Biblia.

´´Me sorprendió que nosotros pudiéramos usar la Biblia también para esto,´´ dijo un joven que había aprendido previamente sobre el liderazgo a nivel de formación empresarial.

Otros dijeron que habían aprendido sobre “líderes que sirven”, y ser “líderes cristianos, y no simplemente líderes.”

Un joven de Damasco también trabaja con refugiados. “Ellos han pasado por mucho, mucho más de lo que yo he tenido que experimentar. Esto me hace ser agradecido con Dios. La guerra me ha acercado a Dios mucho más. A veces puedo sentir la mano de Dios sobre mí. Él está muy cerca y me da paz.”

Durante la semana de retiro del grupo, el volver a sentirse libres, les llevó a sacar lo mejor de ellos.

Sara, una de las instructoras, describe la emoción que sentía cuando el grupo partió hacia un viaje a Biblos, un puerto pintoresco de la costa mediterránea de Líbano.

“Después de las clases, casi no hubo tiempo para ir al baño ni de cambiarnos de ropa antes de que el autobús partiera para el casco antiguo de Byblos. En el autobús cantábamos. Créanme, los sirios sabemos lo que es cantar con todo el corazón.”

“Cantamos canciones sobre Siria, canciones sobre nuestra ciudad y canciones que me ayudaron a recordar las buenas cosas que Siria representaba antes de la lucha y la destrucción.”

“Tan pronto como llegamos, saltamos del autobús y batimos el récord de hacer turismo a través del precioso centro de la ciudad. “Esto me recuerda al mercadillo en Aleppo, antes de que los terroristas lo incendiasen “, dijo uno de ellos.

Selfies

“Pero hoy no hay tiempo para lamentarse,” dijo Sara.

El grupo visitó el muro medieval de la ciudad que separa la aldea del mar y con entusiasmo juvenil subieron la antigua torre que mira sobre el puerto. Corrieron emocionados alrededor de las calles antiguas de la ciudad, hablando sin cesar de los “selfies” en sus móviles.

“Vayamos al puerto”, sugirió Liliane. “Quiero ir en barco por el Mediterráneo.”

Sara continuó: “Ellos sabían que su tiempo era limitado. Con apenas una hora para ir a cenar, se dirigieron a la orilla del mar al atardecer, sin dejar de hacerse más fotos. Click, click, click. El pequeño puerto es una joya, y se aseguraron de llevar a casa la prueba de su visita.

“El grupo negoció con el dueño de un barco para que les diera un paseo. Algunos de ellos nunca habían estado en un barco. Mientras zarpaban, vieron llegar a una pareja de recién casados que se dirigían a celebrar su boda en otro barco.”

“Le explicaron al barquero el poco tiempo del que disponían para dar su paseo en barco. Después de unos minutos, dejamos atrás la entrada del puerto y rápidamente la proa se abrió camino entre las olas: ¡era como una montaña rusa! Tuvieron problemas para estar de pie mientras el barco se tambaleaba hacia todos los lados, arriba y abajo, derecha e izquierda. Ellos sólo reían, se agarraban de las manos, y se pasaban sus teléfonos móviles para hacerse muchos más ´selfies´. Era como estar con un grupo de adolescentes. El barco les dejó en tierra y encontraron el camino de vuelta al autobús, una vez más cantando, riendo y bromeando.”

“Después de la cena, se dirigieron a una pequeña cafetería cercana al hotel y tuvieron el lugar para ellos solos toda la tarde. Cantaron, bailaron, hablaron y jugaron. La cafetería casi estalla por la alegría de los cantos y las risas. Se sentaron en las mesas a beber y a comer cacahuetes y pipas; era difícil escuchar a alguien hablar entre tanto jolgorio.”

“En Aleppo no podemos hacer este tipo de cosas muy tarde por la noche” dijo alguien de 27 años.” En invierno siempre intentamos estar en casa entre las seis y las siete de la tarde. Incluso en verano, sólo podemos estar fuera un poco más tarde, hasta las ocho o algunas veces hasta las nueve.”

De regreso a Siria, de regreso a la guerra.

“Ha sido un inmenso privilegio haber compartido esta tarde con ellos”, reflexionó Sara.

“Al día siguiente tomaron un autobús de vuelta a Siria y de vuelta a la guerra.”